Presta atención
aventurero, pues lo que te voy a revelar, no es un juego y viene de
hace mucho tiempo atrás. Allá en lo profundo del bosque, lejos de
tu conocida civilización; no te confundas de sendero y llegarás a
su corazón. Sigue el curso del río, su humedad y su ágil correr, y
más allá de la catarata atrévete a entrever. Debajo de la roca
mayor, aquélla que a un cráneo se asemeja, encontrarás la boca de
la gruta que, si eres listo, deberá ser tu meta. Repasa con
atención, pon con deliberación tu oreja y atrapa todos los detalles
de esta antigua receta.
Mas ten cuidado amigo,
echa mil y una miradas y esquiva a la monstruosa criatura que el gran
tesoro aguarda. Una vez al monstruo hayas burlado, clava tu vista en
el suelo, y pisa las traicioneras piedras con esmero. Sortéalas de
dos a dos, ¡importante! deja libre la del centro si no quieres, ir a
parar al infierno. Si piensas que eso es todo, no podrías andar más
errado, serafín; no te dejes engañar por esas trampas que quieren
provocar tu fin.
Una vez en la última
roca, con solo un saltito más, arrivarás a la orilla escondida de
la mar. Ahora que ya has llegado acertadamente tu razón, pues si
pensabas que eso era todo, tu viaje no tendrá solución. Tienta con
cuidado, pesa tu preciado tesoro; un solo paso en falso y adiós a ti
y a tu oro. Una vez más insisto, ten en el camino precaución, sal
de ese bosque a tiempo y evita que sea tu perdición. Y si en tu
empresa tienes éxito, acuérdate de todos aquellos que por codicia
perecieron, reza por sus almas sin consuelo. Pero, sobre todo,
disfruta tu tesoro, joven aventurero.

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