Esta entrada va dedicada a
aquéllos amigos hipócritas que te consideran una piedra en su zapato: algo
molesto que desean que desaparezca. Esos que aún oyéndote no te escuchan, pues
prefieren ignorarte y no desperdiciar su precioso y valioso tiempo contestando
con un monosílabo a tu pregunta. Quizás tienen una sordera crónica que les impide
hacerte el menor caso excepto cuando necesitan algo de ti; o puede que quizás
solo sea que su gran ego les tapa los oídos cuando les conviene. Sólo te
soportan por vergüenza, por no dejarte de lado, solo en un rincón; aunque tal
vez eso sea preferible a sentirte marginado. En su tiempo lo aguantas y sacas
provecho igual que hacen contigo, te enfadas y notas cómo la frustración y el
odio crecen en cada célula de tu cuerpo, te deprimes preguntándote qué les has
hecho para que no te traten de ningún modo.
Cuando el tiempo pasa y puedes
analizarlo objetivamente, sólo puedes dar gracias. Gracias por haberte apartado
a tiempo, por no haberte convertido en alguien como ellos, carente de toda
amabilidad y empatía para con lo demás. Ahora tienes amigos de verdad, personas
iguales a ti entre las que no te sientes diferente ni excluido y puedes
disfrutar de verdad, mostrarte tal y como eres, sin disfraces ni falsas
apariencias; compañeros que no te dan la espalda a la primera de cambio ni te
pasan malas jugadas. Son esos que no son amigos, son más que eso: son
compañeros, camaradas, aliados; personas dignas de tu respeto, tu cariño y tu
confianza.
"Y en aquel momento, se acordó de tu nombre y pidió ayuda; tras aquello fingió no conocerte y siguió su vida..." Cuanta gente ahí así... Pandemia de Pandemonios
ResponderEliminar