En ocasiones me siento como una persona malvada odiando a quienes no me han hecho daño alguno, al menos directa o intencionadamente; intento reprimir este irremediable impulso de ponerles mala cara y realmente me cuesta aparentar que no hierve mi sangre en ese momento.
Con un simple gesto encienden mi cólera, y quizás solo es que intento justificar estos sentimientos, pero hay quienes parecen esforzarse por ser insoportables, que solo abren la boca para despejar la salida a estupideces que superan en tamaño a una ballena azul. Les resulta tan fácil, tienen un talento natural para soltar frases sin pensarlas. ¿o es sólo mi imaginación? ¿es que soy una prejuiciosa intolerante?
Confío en que habrá quien experimente las mismas sensaciones con tan solo escuchar mi nombre. Siento si no caigo bien, pues sé que no soy la flor más adorable del jardín, pero de verdad que no quiero hacer ningún mal a nadie, nada más lejos de mi intención.
Acabo de presenciar una escena que ha acabado con mi paciencia. Quizá que la odie aumenta mi indignación, pero, ¿por qué regañó a ese pobre niño por tocar, simplemente rozar con sus dedos, un cartón vacío? ¿sólo porque ella había traído una tarta dentro? Pues que yo sepa, EL CARTÓN NO SE COME. Pensaréis que lo hacía para evitar que se manchara, pero eso resultaba imposible, pues la caja estaba impoluta.
¿Soy la única irracional, que reacciona exageradamente contra cualquier inocente criatura del señor? Creo que no, pero eso no me hace mejor persona, y hasta pienso que me rebaja al mismo nivel de patanería.
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