Todos cometemos errores continuamente, unos de mayor
magnitud que otros, pero no por ello somos reos condenados a la guillotina;
obramos mal, a veces sin excusa o con una que realmente no justifica nada. ¿Cuántas
veces es necesario equivocarse para aprender? UNA y NO MÁS.
Nos dejamos llevar, y realizamos acciones de forma
inconsciente, sin analizar nuestros actos en profundidad, y de esa forma
acabamos perjudicando a aquéllos que nada tienen que ver. UNA y NO MÁS.
Y al darnos plena cuenta de qué hemos hecho, caemos en un
bucle martirizante que nos recuerda constantemente cuan ruines hemos sido; cómo
llegamos a traicionar nuestros principios para convertirnos exactamente en
nuestro gemelo malvado, un ente contrario a nuestra naturaleza contra el que
hemos luchado toda nuestra existencia.
Pero eso no es suficiente, todo cuanto nos rodea o todos los
que conviven a nuestro alrededor se empeñan en sumirnos en la vergüenza,
regocijándose cruelmente en nuestra miseria, juzgando lejos de ser árbitros
imparciales. Nada podemos hacer, solo penar en silencio, aguantando y plantando
cara impotentes ante las circunstancias.
Ya nada será igual que antes. El reproche reflejado en los
ojos de tus semejantes se une al sentimiento de haberte fallado a ti mismo. ¿Dónde
está la persona que solías ser? Yo lo sé; hundida en la oscuridad buscando
cualquier indicio de luz para luchar contra el mundo, porque fue UNA vez y NO habrá MÁS, porque te
servirá como otra lección en esta vida caprichosa que nos da mil vueltas,
porque te hará de espíritu más fuerte, te mantendrás en pie pese a la tormenta que
tratará de derribarte. Errar es inherente a aprender y no se aprende sin
cometer errores; pero, al final de tus días estarás seguro de que fue UNA y NO MÁS.
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