Hoy en día
gozamos de un sinfín de comodidades gracias a la tecnología que hemos
desarrollado y sus aplicaciones. Esto es del agrado de la mayoría de las
personas, que ven el desarrollo tecnológico como algo positivo. Pero,
¿realmente lo es? A pesar de las múltiples ventajas, hay un gran número de
inconvenientes que hacen que el ser humano retroceda moralmente.
El hombre puede
escoger sus actos libremente, aunque estos caigan en la inmoralidad. Ahora
bien, ¿qué ocurre cuando el hombre escoge obrar sin seguir las normas morales,
únicamente por el propio placer, diversión o apetito? Se le podría decir que
debería hacerlo, pero la cuestión es si aceptará hacer algo que le interese o
beneficie. Ante este interrogante la respuesta es sencilla: la mayoría de las personas
anteponen su bienestar a la moral. Este bienestar consiste en ignorar la
situación de quien o lo que les rodea mientras que vivan placenteramente; por
ejemplo viendo la televisión. Las personas, para olvidar sus problemas y
preocupaciones, se refugian en un aparato que muestra la vida de personas que
venden su imagen e intimidad por dinero. Es inmoral exhibirse ante millones de
personas dando el espectáculo (entiéndase el sentido negativo de la expresión)
y haciendo el ridículo de la forma en que lo hacen. Pero no solo eso, los
telespectadores los toman como ejemplos; en la actualidad el sueño de toda
persona es ser famoso, ser un “famosillo” que gana millones por criticar a unos
y otros y que no ha hecho nada de valor que merezca la fama que ha conseguido.
Y a todo esto debemos sumar la manipulación que se ejerce a través de los
medios de comunicación para obtener beneficios.
Otro punto que
debe ser considerado es, que teniendo la posibilidad de mejorar la calidad de
vida de los países subdesarrollados, usamos la tecnología para aumentar su
pobreza e incrementar las desigualdades en lugar de paliarlas, acrecentando los
ingresos de los que menos la necesitan. Las grandes empresas cierran sus
fábricas dejando a muchas personas en paro y las trasladan a países más pobres,
donde la mano de obra es más barata y ante la falta de unas leyes que defiendan
los derechos de los trabajadores, mantienen trabajando a hombres, mujeres y
niños amplias jornadas, sobreexplotándolos por un salario mínimo mientras que ellos
se enriquecen a su costa. Del mismo modo, los habitantes de estos países sufren
abusos por parte del poder, que amplía su capital con la explotación de
yacimientos de los recursos naturales que son utilizados por la tecnología.
Estos recursos, a su vez, generan más problemas, pues los países más
desarrollados llevan a cabo guerras para conseguirlos y utilizarlos para
fabricar armas con las que seguir guerreando acabando con vidas. De los
inventos más conocidos caben destacar la dinamita, las bombas atómicas, las
pistolas…, instrumentos que son utilizados por miserables que comenten
genocidios sin importarles las cifras de muertos que dejan y que tras ser
juzgadas son condenados a penas imposibles de completar pero unos cuantos años
más tarde pasean libremente por la calle.
Tecnología es
sinónimo de corrupción, engaño y manipulación, y bien lo saben los que llevan a
cabos negocios en la red. Un gran invento como es Internet sirve a muchos
estafadores para llevar a cabo sus timos, ofreciendo información falsa sobre
negocios de los que los interesados saldrán perjudicados. Otros son los casos
de pornografía y pederastia, en los que se difunden contenidos paidófilos y
ciertos inmorales engañan a jóvenes para conseguir fotos, vídeos o citas con el
fin de beneficiarse.
También son
diarios los episodios relacionados con virus y espías cibernéticos, que se
introducen en ordenadores ajenos y obtienen todo lo que necesitan (sin olvidar
el favor que hacen a los creadores de antivirus); y todo esto por no hablar de
la adicción que suponen los nuevos modelos de cualquier tipo de producto de la
que se aprovechan los fabricantes gracias a la publicidad en los medios de
comunicación, que impulsan a los ciudadanos al consumismo, a comprar nuevos
versiones de un artículo que ya poseen y que todavía pueden utilizar sin
problemas. Además hay que añadir la contaminación que supone la producción del
artículo y de la que también se aprovechan usando como excusa la preservación
del medio ambiente.
Por otro lado,
los avances tecnológicos no solo afectan a objetos materiales, sino que también
se llevan a cabo en el ser humano, en el ámbito sanitario, como el uso de la
ingeniería genética para manipular el ADN y evitar enfermedades. Pero no hay
que confundir la posibilidad de erradicar una dolencia antes de que se
manifieste con la de elegir los caracteres de los hijos, es decir, pedir un
niño a la carta. También existe la opción del aborto, con la que se acaba con
una vida antes de que empiece, o la de eutanasia para librar a un enfermo del
dolor (o al personal y a la economía del mantenimiento de un enfermo), cuando
nadie tiene derecho de arrebatar la vida a ningún otro. Con relación a la
medicina, tienen lugar reducciones en los presupuestos destinados a la sanidad
de los ciudadanos, que a pesar de tener la posibilidad de adquirir un nuevo
medicamento que se acaba de descubrir y que puede ser muy beneficioso para su
enfermedad, no puede acceder a él por falta de recursos propios y de la ayuda
de una organización a la que ha estado pagando impuestos durante toda su vida
para garantizar la atención de un médico y de un farmacéutico.
Por el lado
contrario, el desarrollo de maquinaria industrial favorece al desarrollo de la
producción de empresas dedicadas a drogas, bebidas alcohólicas y otras
sustancias perjudiciales para la salud.
No se puede
negar que el hombre ha progresado mucho con la tecnología, pero tampoco debemos
olvidar todas las atrocidades que comete por ella y con ella. La tecnología
debería ser desarrollada solo para ofrecer ventajas y debería ser pensada dos
veces la creación de instrumentos que puedan ser perjudiciales. Aunque la base
del problema no está en la creación, sino en lo creado; de una persona sin
valores éticos y morales no cabe esperar algo que contribuya al bienestar
social. Por muy avanzada que esté la tecnología, la moral del ser humano no lo
está. En la actualidad pretendemos hacer ver que somos buenos y justos cuando
en realidad somos seres egoístas y malvados que solo responden ante fines
maquiavélicos; da igual a lo que nos veamos obligados mientras que cumplamos
nuestro objetivo, ya sea que tengamos que fabricar armas para matar o tratar de
manipular a los demás. Intentamos mostrar la forma correcta de actuar sólo para
guardar nuestra apariencia (aunque hay a quien eso no le importa), y cuando no
tenemos público que pueda dudar de nuestra buena reputación hacemos todo lo
contrario de lo que pretendíamos transmitir.
Supuestamente
somos seres racionales y deberíamos usar esa cualidad que poseemos para conseguir
el bien de todos, no únicamente el propio: podríamos preocuparnos por los
demás, ayudar a los necesitados… Aunque esta meta quizás sea algo utópica, ya
que antes de ayudar al resto, necesitaríamos ayudarnos a nosotros mismos
primero, poner en orden nuestro juicio y nuestra conciencia. Si alcanzásemos
ese fin individualmente y posteriormente en colectivo, conseguiríamos un mundo
mejor y más feliz, donde fuéramos justos y solidarios; un mundo donde imperara
un ideal ético y no se cometieran las barbaridades que estamos acostumbrados a
oír en las noticias cada día; un mundo en el que no tuviéramos que
avergonzarnos de nuestros actos, en que no se ponga en duda nuestra virtud
moral y estemos orgullosos por el imperio de la racionalidad, la ética y la
moral.