Kat y Luna eran las mejores amigas del
mundo. Durante años fueron inseparables; desde la mañana a la noche
estaban todo el tiempo juntas, se lo pasaban genial, conocían bien
los secretos de la otra, compartían todo. Se tenían la una a la
otra para todo. Pasaron por muchas cosas juntas, los éxitos de una,
los fracasos de otra; sin embargo, ambos eran compartidos y las penas
de ésta, se consolaban con la alegría de aquélla. Y todo fue mucho
mejor, cuando las pusieron en el instituto en la misma clase: se
sentaban juntas, se explicaban los contenidos de la materia, se
ayudaban; en definitiva, no se encontraban separadas las cinco horas
de clase.
Pero cuando la secundaria tocó su fin,
el camino de su amistad se bifurcó. Luna siguió en el instituto
estudiando bachillerato y Kat fue destinada a otro instituto para
cursar otra modalidad de estudios. Ese fue el fin. Se acabaron las
risas, las incontables horas de diversión y de parloteo, la
confianza. Dejaron de verse, se evitaban, inventaban escusas para no
verse.
Así acabo la bonita amistad que las
unió a lo largo de tantos años, la distancia hizo el olvido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario