miércoles, 11 de julio de 2012

¿El avance tecnológico ha supuesto un desarrollo en la moral de las personas?


Hoy en día gozamos de un sinfín de comodidades gracias a la tecnología que hemos desarrollado y sus aplicaciones. Esto es del agrado de la mayoría de las personas, que ven el desarrollo tecnológico como algo positivo. Pero, ¿realmente lo es? A pesar de las múltiples ventajas, hay un gran número de inconvenientes que hacen que el ser humano retroceda moralmente.

El hombre puede escoger sus actos libremente, aunque estos caigan en la inmoralidad. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el hombre escoge obrar sin seguir las normas morales, únicamente por el propio placer, diversión o apetito? Se le podría decir que debería hacerlo, pero la cuestión es si aceptará hacer algo que le interese o beneficie. Ante este interrogante la respuesta es sencilla: la mayoría de las personas anteponen su bienestar a la moral. Este bienestar consiste en ignorar la situación de quien o lo que les rodea mientras que vivan placenteramente; por ejemplo viendo la televisión. Las personas, para olvidar sus problemas y preocupaciones, se refugian en un aparato que muestra la vida de personas que venden su imagen e intimidad por dinero. Es inmoral exhibirse ante millones de personas dando el espectáculo (entiéndase el sentido negativo de la expresión) y haciendo el ridículo de la forma en que lo hacen. Pero no solo eso, los telespectadores los toman como ejemplos; en la actualidad el sueño de toda persona es ser famoso, ser un “famosillo” que gana millones por criticar a unos y otros y que no ha hecho nada de valor que merezca la fama que ha conseguido. Y a todo esto debemos sumar la manipulación que se ejerce a través de los medios de comunicación para obtener beneficios.

Otro punto que debe ser considerado es, que teniendo la posibilidad de mejorar la calidad de vida de los países subdesarrollados, usamos la tecnología para aumentar su pobreza e incrementar las desigualdades en lugar de paliarlas, acrecentando los ingresos de los que menos la necesitan. Las grandes empresas cierran sus fábricas dejando a muchas personas en paro y las trasladan a países más pobres, donde la mano de obra es más barata y ante la falta de unas leyes que defiendan los derechos de los trabajadores, mantienen trabajando a hombres, mujeres y niños amplias jornadas, sobreexplotándolos por un salario mínimo mientras que ellos se enriquecen a su costa. Del mismo modo, los habitantes de estos países sufren abusos por parte del poder, que amplía su capital con la explotación de yacimientos de los recursos naturales que son utilizados por la tecnología. Estos recursos, a su vez, generan más problemas, pues los países más desarrollados llevan a cabo guerras para conseguirlos y utilizarlos para fabricar armas con las que seguir guerreando acabando con vidas. De los inventos más conocidos caben destacar la dinamita, las bombas atómicas, las pistolas…, instrumentos que son utilizados por miserables que comenten genocidios sin importarles las cifras de muertos que dejan y que tras ser juzgadas son condenados a penas imposibles de completar pero unos cuantos años más tarde pasean libremente por la calle.

Tecnología es sinónimo de corrupción, engaño y manipulación, y bien lo saben los que llevan a cabos negocios en la red. Un gran invento como es Internet sirve a muchos estafadores para llevar a cabo sus timos, ofreciendo información falsa sobre negocios de los que los interesados saldrán perjudicados. Otros son los casos de pornografía y pederastia, en los que se difunden contenidos paidófilos y ciertos inmorales engañan a jóvenes para conseguir fotos, vídeos o citas con el fin de beneficiarse.

También son diarios los episodios relacionados con virus y espías cibernéticos, que se introducen en ordenadores ajenos y obtienen todo lo que necesitan (sin olvidar el favor que hacen a los creadores de antivirus); y todo esto por no hablar de la adicción que suponen los nuevos modelos de cualquier tipo de producto de la que se aprovechan los fabricantes gracias a la publicidad en los medios de comunicación, que impulsan a los ciudadanos al consumismo, a comprar nuevos versiones de un artículo que ya poseen y que todavía pueden utilizar sin problemas. Además hay que añadir la contaminación que supone la producción del artículo y de la que también se aprovechan usando como excusa la preservación del medio ambiente.

Por otro lado, los avances tecnológicos no solo afectan a objetos materiales, sino que también se llevan a cabo en el ser humano, en el ámbito sanitario, como el uso de la ingeniería genética para manipular el ADN y evitar enfermedades. Pero no hay que confundir la posibilidad de erradicar una dolencia antes de que se manifieste con la de elegir los caracteres de los hijos, es decir, pedir un niño a la carta. También existe la opción del aborto, con la que se acaba con una vida antes de que empiece, o la de eutanasia para librar a un enfermo del dolor (o al personal y a la economía del mantenimiento de un enfermo), cuando nadie tiene derecho de arrebatar la vida a ningún otro. Con relación a la medicina, tienen lugar reducciones en los presupuestos destinados a la sanidad de los ciudadanos, que a pesar de tener la posibilidad de adquirir un nuevo medicamento que se acaba de descubrir y que puede ser muy beneficioso para su enfermedad, no puede acceder a él por falta de recursos propios y de la ayuda de una organización a la que ha estado pagando impuestos durante toda su vida para garantizar la atención de un médico y de un farmacéutico.
Por el lado contrario, el desarrollo de maquinaria industrial favorece al desarrollo de la producción de empresas dedicadas a drogas, bebidas alcohólicas y otras sustancias perjudiciales para la salud.

No se puede negar que el hombre ha progresado mucho con la tecnología, pero tampoco debemos olvidar todas las atrocidades que comete por ella y con ella. La tecnología debería ser desarrollada solo para ofrecer ventajas y debería ser pensada dos veces la creación de instrumentos que puedan ser perjudiciales. Aunque la base del problema no está en la creación, sino en lo creado; de una persona sin valores éticos y morales no cabe esperar algo que contribuya al bienestar social. Por muy avanzada que esté la tecnología, la moral del ser humano no lo está. En la actualidad pretendemos hacer ver que somos buenos y justos cuando en realidad somos seres egoístas y malvados que solo responden ante fines maquiavélicos; da igual a lo que nos veamos obligados mientras que cumplamos nuestro objetivo, ya sea que tengamos que fabricar armas para matar o tratar de manipular a los demás. Intentamos mostrar la forma correcta de actuar sólo para guardar nuestra apariencia (aunque hay a quien eso no le importa), y cuando no tenemos público que pueda dudar de nuestra buena reputación hacemos todo lo contrario de lo que pretendíamos transmitir.

Supuestamente somos seres racionales y deberíamos usar esa cualidad que poseemos para conseguir el bien de todos, no únicamente el propio: podríamos preocuparnos por los demás, ayudar a los necesitados… Aunque esta meta quizás sea algo utópica, ya que antes de ayudar al resto, necesitaríamos ayudarnos a nosotros mismos primero, poner en orden nuestro juicio y nuestra conciencia. Si alcanzásemos ese fin individualmente y posteriormente en colectivo, conseguiríamos un mundo mejor y más feliz, donde fuéramos justos y solidarios; un mundo donde imperara un ideal ético y no se cometieran las barbaridades que estamos acostumbrados a oír en las noticias cada día; un mundo en el que no tuviéramos que avergonzarnos de nuestros actos, en que no se ponga en duda nuestra virtud moral y estemos orgullosos por el imperio de la racionalidad, la ética y la moral.

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