martes, 17 de diciembre de 2013

Periodista local estrena su segunda década
Irene Pérez de Navarro, natural de Vélez-Málaga y actual estudiante de periodismo, conmemora hoy por vigésima vez el día de su nacimiento.
Pastel de cumpleaños de Irene.
La veinteañera comenzará la celebración de su aniversario desde la facultad de periodismo de Málaga, porque como ella misma ha declarado: «hay quien tiene cosas que hacer». Pero a pesar de su marcado sentido de la responsabilidad, espera poder disfrutar de su día junto a su familia. Otra persona a la que extrañará es su amiga María, que no podrá acompañarla en su viaje en el transporte universitario puesto que ya acabó sus clases la pasada semana. «Yo le deseo todo lo mejor, pero mi cama está más calentita por la mañana» nos ha confirmado su compañera.
Sea como fuere, la futura profesional podrá sacar unos minutos para celebrar esta marcada fecha en el calendario.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Un faro entre la niebla


Confirmando mis ínfimas expectativas respecto a la fiesta, me hallaba sentada con toda esperanza de bailar perdida, revisando los pliegues de mi falda. Fue una suave voz la me hizo mirar la mano que él me tendía. Su invitación a bailar me dejó no menos que anonadada; sin embargo, nada comparado con el hechizo de su mirada, la luz de un faro que me guió entre la niebla.

Bailamos hasta bien entrada la noche al son del aleteo que invadía mi vientre, mariposas danzarinas que arbitraban el golpeteo de mi corazón desbocado. Me sentí bella, deseada, plena; irreal a la par que auténtica, omnipotente.

La imagen de cenicienta desfiló por los bordes de mi mente, augurándome de manera inconsciente el que sería un trágico final para mi velada de ensueño. Nada detuvo el engranaje del tiempo, ni el pesar que atenaza mi pecho al rememorar su rostro, su piel, los fluidos movimientos del compañero de baile que, por caprichoso destino, tras esa noche veraniega jamás volví a ver.

 

sábado, 27 de julio de 2013

Afán de idiosincrasia

Cuán frecuente es ver cómo tus sueños se escapan, cómo quedan relegados a un segundo plano que augura su aplazamiento; habitual es también la impotencia, no por ver partir tus deseos, sino por verte obligado a hacer algo que no ambicionas o que incluso aborreces. Qué vida más hipócrita. ¿Dónde está el libre albedrío del que siempre nos hablan? Apretando las argollas de las cadenas que nos someten, esperándonos frente al cadalso listo para dictar sentencia.

Heme aquí, lista para lo que no quiero, artificialmente presentable y ataviada con una sonrisa cuyo fulgor no baña mis ojos. ¿Qué razón me empuja a esa inefable acción? El peso de la culpa, la obligación que crece a la par que nuestros huesos de no herir los sentimientos de quienes nos rodean, de no defraudar sus expectativas. Terrible sofisma patético, harto horrible chantaje emocional que nos lleva al sendero de la amargura, morada de estas letras; y no bastando con acudir a la llamada de corneta, es esencial el hacerlo mostrando una felicidad irreal, representando el papel de quién está encantado de llevar a cabo lo que se le antoja detestable. No hace falta estar en Hollywood para desplegar aptitudes dramáticas; cuánto actorcillo de tres al cuarto anda suelto por ahí. Mucho cuidado con descuidar tu función, ya que si tu rostro refleja el más mínimo atisbo de incomodidad, será la cruz de tus semejantes, las agujas de la sesión de acupuntura que sufrirás; ensaya frente al espejo, pues no escaparás de reproches rumiados.

Está bien; engañemos, actuemos, finjamos henchido de alegría nuestro pecho, pues siendo por el bien de los demás, en especial de tus familiares más cercanos, qué más dan nuestros apetitos. Si nos obligan mentir, lo haremos. Por ellos, por quienes nos han enseñado tantas cosas, como por ejemplo, que mentir está mal.

lunes, 8 de julio de 2013

- Después de eso -proseguí - compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. 
Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben 
permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor las cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos. 
-Me lo imagino. 
- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan. 
-Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros. 
-Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí? 
-Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas. 
-¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro del tabique? 
-Indudablemente. 
-Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven? 
-Necesariamente. 
-Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿ no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos? 
- ¡Por Zeus que sí ! 
- ¿ Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados? 
- es de toda necesidad. 
- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentiría en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? 
- Mucho más verdaderas. 
- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿ no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran? 
- Así es. 
- Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿ no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos ? 
- Por cierto, al menos inmediatamente. 
- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el 
cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol. 
-Sin duda. 
- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito. 
-Necesariamente. 
-Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto. 
- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones. 
- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería? 
- Por cierto. 
-Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquellos? ¿ O más bien 
no le pasaría como al Aquiles de Homero, y "preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre" o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida ? 
- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida. 
- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol? 
- Sin duda. 
- Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿ no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿ no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo? 



lunes, 13 de mayo de 2013

Bueno para el corazón ser ingenuo; para la mente no serlo

     Habían pasado dos días geniales; aprovecharon al máximo ese pequeño respiro que les habían dado las clases. El día anterior disfrutaron como niñas pequeñas en la playa, volvieron a revivir su infancia, y ese mismo día se habían desgañitado cantando durante cinco horas seguidas al Sing Star con sus compañeras. Apenas podían hablar, por lo que cenaban en un silencio cómplice que auguraba una noche de charla hasta caer rendidas, pues tenían previsto a quedarse a dormir en casa de su amiga.

     Estaban disfrutando de sus hamburguesas cuando la madre de Susan llamó a su hija por teléfono para avisarla de que un técnico vendría a reparar la lavadora. En ese momento, las tres muchachas, Susan, Bea y Patricia, fueron conscientes de que se hallaban solas en la casa a las diez de la noche esperando a un empleado fuera del horario laboral. Bea y Patricia, que eran leídas y desconfiadas, encontraron ciertos paralelismos con las típicas historias que nunca acaban bien para las jóvenes que ese ven involucradas en ellas.

     Intentaban tranquilizarse cuando oyeron el timbre de la puerta, cosa que no ayudó nada, y mucho menos el hecho de que fuesen dos hombres en lugar de uno. Susan los llevó a la cocina y hablaba con ellos mientras Bea y Patricia ideaban la forma de defenderse si fuera necesario, ya que quedaba descartada la ventana de un sexto piso. Tenían preparados los vasos y los tenedores cuando Susan les anunció que debía salir en busca de un cajero para poder pagar la reparación del electrodoméstico; como cualquiera imaginaría a sus compañeras no les hizo gracia. Patricia notaba cómo su ansiedad aumentaba por momentos y al no poder aguantar la situación se retiró a la habitación mientras Bea llamaba a su novio Tom, quien no percibió el matiz de pánico en la voz de su pareja.

     Patricia asomó la cabeza cuando escuchó los gritos de Bea y no se le ocurrió otra alternativa que coger el espejo de la pared de la habitación para defender a su amiga. Estaban los dos hombres tan concentrados en acorralar a Bea que no percibieron a Patricia hasta que rompió el cristal en la espalda de uno de ellos que, lejos de desmayarse como esperaba la muchacha, montó en cólera y re revolvió contra ella. Los siguientes minutos pasaron fugazmente lentos: Patricia intentó alcanzar la puerta, pero el hombre al que había atacado la derribó con un golpe en la base del cráneo que le robó su último aliento; mientras, Bea probaba sin éxito a clavarle el tenedor en el ojo a su adversario, pero ante las tentativas de embestida de predador tropezó y cayó por la ventana del sexto piso, por desgracia un minuto antes de que Susan volviera del cajero.

     Cuando la joven entró en la casa se extrañó de no ver a sus amigas en la mesa, así que pasó a la habitación de sus huéspedes y cuál no fue su horrible sorpresa al encontrar el inerte cuerpo de Patricia sobre la cama, derramando un reguero de sangre del que Susan no se había percatado dada su naturaleza despistada.

     Todavía en estado de shock no notó cómo los dos individuos se acercaban y la atrapaban haciéndole imposible la huida. La ataron a la cama de la habitación contigua y se recrearon en la escena:

- Mmm... lástima que tus amiguitas ya no nos sirvan de nada. Ahora tendremos que compartirte.-Dijo uno de los dos delincuentes.
- Sí, hemos tenido que eliminar a ese técnico por una miseria, espero que valgas la pena.

      Susan no acababa de creerse la que le estaba sucediendo: esos hombres habían matado a un pobre empleado porque había escuchado que estarían solas en la casa, se habían colado en su vivienda, sus amigas estaban muertas y presentía lo que iba a pasar con ella a continuación. Así que, abandonada ya toda esperanza tras infructuosos intentos de escapar, se resignó al trágico final que le esperaba; sin embargo, decidió mantener la cabeza alta hasta el último momento, sin darles el gusto de verla derramar ni una sola lágrima o dejar escapar el más leve aullido.

domingo, 14 de abril de 2013

Deseos de una noche estrellada


           Apoyé mi cabeza sobre su hombro y contemplé maravillada el iridiscente manto de estrellas que nos acompañaba aquella noche. Sin embargo, no era su intenso brillo lo que ocupaba mi mente en aquellos momentos, sino él. Hacía dos años que lo veía cada día desde la distancia, anhelándolo en silencio, fantaseando sobre qué sentiría al hablarle. Y allí estaba, a su lado, ajena a un mundo que no fuésemos nosotros dos; después de tantas miradas silenciosas, de tantas sonrisas disimuladas. Cuántas veces no quedó enmascarado un cruce de miradas por nuestro empeño en parecer indiferentes, en cuántas ocasiones ignoramos el latido acelerado de nuestro corazón cada vez que nuestros brazos rozaban sin querer, cuántos intentos infructuosos de pasar página y olvidarme del chico que no mostraba la más mínima reacción ante mi presencia, para quien era totalmente invisible. En infinidad de ocasiones me reprendí a mí misma por ser tan tímida, por no atreverme a dar un primer paso y depositar mis esperanzas en una iniciativa que por su parte jamás llegaría. ¿Por qué yo no? me preguntaba con frecuencia intentando encontrar la razón que nos separaba, ¿qué puedo hacer?; pero la respuesta nunca llegaba. Él allí, yo aquí, situados a cada lado de la línea invisible que implícitamente habíamos trazado, la cual dejaba entrever el paradójico abismo que se abría a nuestros pies: tan cerca y a la vez tan lejos.

     Ahora, sentados uno al lado del otro, derribadas las murallas que impedían nuestro encuentro, completamos la ecuación que creía sin solución tiempo atrás. Lo único que distrajo mi atención del rostro que había ocupado mis sueños fue la fugaz estela de una estrella que buscaba fundirse con el mar en un beso, una estrella a la que pedí que detuviese el tiempo, pues deseaba que ese momento perdurara para siempre.

     Observada me sentí, pero lejos de ponerme nerviosa me inundó una indescriptible satisfacción al ver la adoración en esos ojos que atravesaban mi alma. Su mano recorrió mi mejilla en un gesto dulce, con el que atrajo mis labios a un dulce beso mientras sus dedos trazaban preciosos dibujos a lo largo de mi brazo. Pronto ese suave roce se tornó más insistente y no pude evita entrelazar mis manos en su cabello y aumentar su proximidad. Sabía lo que quería, todo el tiempo lo supe; no más indiferencia, no más esperas, era el momento de vivir, de dar todo aquello que había permanecido oculto. La bella durmiente despertó con el beso de su príncipe azul.


viernes, 29 de marzo de 2013

La Semana Santa de Vélez-Málaga 3

Cofradía del Santísimo Cristo de los Vigías y Nuestra Señora del Mayor Dolor


Cofradía Franciscana del Santísimo Cristo del Amor en su Sagrado Descendimiento y Mª Stma. de la Caridad
 
Real, Venerable, Fervorosa y Muy Antigua Cofradía del Stmo. Cristo del Mar, María Stma. de las Penas, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena
 
 
Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias 
 

 
 
Real Cofradía del Santo Sepulcro
 
 

 
Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y San José del Carmen
 
 
 
 
Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestro Padre Jesús en su Gloriosa y Triunfal Resurrección y María Santísima de la Estrella, Madre de la Iglesia
 
 


La Semana Santa de Vélez-Málaga 2

Cofradía de Ntro. Padre Jesús Atado a la Columna y Mª Stma. del Rosario en sus Misterios Dolorosos (Estudiantes)



Real Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Humildad y Mª Stma. de la Paz











 
Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder en su Tercera Caída y Mª Stma. de la Amargura
 


Real Archicofradía de Ntro. Padre Jesús el Nazareno "El Rico" y Mª Stma. de la Piedad (con la visita de las tropas regulares)


































Archicofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno "El Pobre" y Mª Stma. de la Esperanza











domingo, 24 de marzo de 2013

La Semana Santa de Vélez-Málaga 1

Dado el orgullo que la mayoría de veleños sienten por la ingente cantidad de cofradías que nos deleitan durante esta semana tan santa, no estaría de más dar a conocer nuestras magníficas imágenes al resto del mundo. Decenas de turistas visitan cada año las calles por las que pasean un desfile de tronos que, a pesar de este humilde intento, jamás quedarán retratados con todo su esplendor en fotos como las que se muestran a continuación.

Real Cofradía de Ntro. Padre Jesús en su Triunfal Entrada en Jerusalén y Mª Stma. del Rocío


Cofradía de Ntro. Padre Jesús en su presentación al pueblo "Ecce-Hommo" y Mª Stma. del Amor

 
Real Cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Mª Stma. de los Dolores
 
 
Venerable Hermandad de culto y procesión y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Coronado de Espinas y Mª Stma. de la Salud
 

Real Cofradía de Ntro. Padre Jesús de la Sentencia y Mª Stma. de Gracia y Perdón
 

Pontificia y muy Antigua Cofradía de Ntro. Padre Jesús Orando en el Huerto y Mª Stma. de los Desamparados


Hermandad y Cofradía de Culto y Procesión de Ntro. Padre Jesús Cautivo de Medinaceli y Santa María Magdalena



sábado, 23 de febrero de 2013

Ley de vida

A veces, la única razón para esforzarse es la de superarse a uno mismo. Sólo tú reconocerás tus logros; tristemente, al resto del mundo les pasará desapercibido.



domingo, 3 de febrero de 2013

I can do it

Una semilla germina y se convierte en un altísimo árbol. 
Un rayo de sol llegará a alumbrar un radiante día.
Un guisante será la base de toda la Genética.
Una simple palabra logrará engendrar una radiante sonrisa.
Un parásito puede acabar con una vida.
Un temblor puede devenir en tsunami.
Una bombilla bien usada alumbrará el camino que han de seguir tus pasos.
Igualmente una niña aprenderá a ser en aquello que desee una princesa.

Todo crece, cambia, evoluciona. Una opción que puede marcar la diferencia entre ver cumplidos tus sueños o permanecer en la estación viendo marchar un tren que jamás volverá. ¿Cuál es el Secreto que conocen sólo unos pocos afortunados? Ninguno. Nada te conducirá a tu meta salvo tú mismo.
Quizás el camino resulte arduo y amargo, pero todas esas experiencias sabrán a miel en unos labios que se resistieron a exhalar el último suspiro de esperanza. Voluntad, perseverancia, tesón, elementos que te impulsarán al “yo puedo, no me detendrás”, que te acercarán a la gloria y a la satisfacción de ser el mejor entre los mejores. No te rindas, haz que tus pasos sean los de un gigante.
Valora tu potencial, explora tus límites; y una vez descubiertos éstos, bate tu mejor marca.
Yo puedo, ¿te atreves a intentarlo tú?

 

jueves, 3 de enero de 2013

El trenecito de los problemas

Una preciosa tarde de invierno, concretamente el día 3 de enero, 6 niñas decidieron subir en la cochinita muy alegremente, pero parece que alguien se empeñó en aguarles la fiesta. Llegaron a las cuatro y se incorporaron a una fila muy poco definida para esperar a un trenecito que llegaría una hora después. Ya acercándose la hora, la fila de personas que tenía delante se engrosaba de forma preocupante, tanto que algunas madres comenzaron una pequeña trifulca con aquellos que claramente se habían infiltrado en la cola sin más razón que la de tener una cara muy dura. Pero no os preocupéis queridos lectores, pues se colocaron vallas para impedir que se metieran ajenos al orden cuando ya había por lo menos unas 20 personas que no habían estado esperando desde un principio y que, claro está, no abandonaron la posición que habían adquirido ilegalmente.

Las niñas se desilusionaron un poco ya que parecía que no quedaría espacio para seis personas en el primer viaje. Sin embargo, a la hora de montar en la cochinita se disipó el nubarrón y descubrieron que sí podrían subir en ese primer viaje, lo que no sabía era de que manera.

El grupo de las niñas estaba constituido por 2 adolescentes al cargo de 4 niños menores de 10 años, y cual no fue su frustración cuando los encargados del tren les instaron a que se separaran. Las mayores intentaron razonar, pues no podían dejar solo a ninguno de los niños en el tren, pero sus sugerencias fueron aplacadas con poco amables vociferíos que las instaban a repartirse en los vagones. La mayor comprendía que aquellos trabajadores no podían complacer a todos los usuarios de ese transporte festivo, pero creía que ellos también deberían comprender que no les era posible moralmente dejar a unos niños solos entre tantas personas desconocidas habiendo más de un vagón libre.

¿Sabéis lo que pasó, queridos lectores? ¿adivináis cómo acabó el pequeño desentendimiento? Los trabajadores, molestos, insistieron hasta que colocaron a los inocentes niños en un vagón de 6 personas junto con una familia cuyos progenitores ocupaban gran parte del asiento; en total 12 personas en un compartimento de 6, lo cual dejó a las niñas todas apretujadas en una fila de asientos para tres. Imaginaos con qué ilusión y desparpajo disfrutaron el viaje y con que alegría y empatía miraron a los señores que les ofrecieron tan animado paseo cuando, una vez fuera, vieron pasar la cochinita con solo varias personas en un vagón sentados a sus anchas, cosa que no pudieron disfrutar en su turno tras haber esperado la misma cola que otros futuros usuarios del tren.

Esta imagen del trenecito no corresponde a la de la historia, es una imagen elegida para ilustrar el relato.
Pues sí, así es la vida; esperas una interminable hora para cumplir la ilusión de unos niños pequeños y después te encuentras con que ni siquiera puedes disfrutar con esas pequeñas y dulces sonrisas. ¿Por qué? Porque te han tratado mal, te han puesto en un aprieto, han ignorado tus intentos por entablar una conversación civilizada y te han confinado en una lata como si de sardinas se tratase; todo eso mientras otras personas son conducidas y acomodadas amablemente. Eso, que se note que es Navidad.