Como cada atardecer lo espera en la roca. Sentada frente a
un mar que intenta apagar las llamas del cielo con su intenso color azul. Le
embriaga la brisa que mece su pelo e imagina el roce de sus manos, la dulzura
de sus caricias, la avidez de su boca estrellándose contra la suya.
Imagina cómo será su reencuentro después de tanto tiempo, el
momento en el que se lanzará a su pecho y él la abrazará para no soltarla
jamás, para darle su cariño y entregarle el sentimiento que le profesa.
Un escalofrío recorre su espalda inundándola de un extraño
presentimiento; su prometido debería haber vuelto ya de su viaje, debería estar
allí. Suena su móvil y piensa que es él para avisar de que se retrasa.
-
¿Dígame?
Su teléfono se estrella en el suelo antes de que el agua la engulla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario