sábado, 15 de diciembre de 2012

El regreso de Yyrum

“Millowin wiki rapacui cue”. Esperaba que esta chica fuese la definitiva, la que le permitiese cumplir su oscuro propósito, el ritual que traería de vuelta a Yyrun, el señor oscuro confinado por los brujos mayas en una tumba para toda la eternidad, en un sarcófago escondido del ojo humano. La leyenda cuenta que el mismo Yyrum, antes de ser confinado, auguró un futuro plenipotente para aquél que le liberase de su eterna prisión. Esta leyenda supuso la división del Imperio Maya en los que aún puros de corazón pretendían mantener al demonio encerrado y los que ávidos de poder conspiraban para romper su jaula; los que confiaban en un mundo sin Yyrum erradicaron de la faz de la tierra a los de envidioso deseo, o al menos eso creyeron, pues aunque en pequeño número, algunos individuos lograron esconderse y reiterar sus intentos dejando manuscritos explícitos de las instrucciones a seguir. Gracias a esos escritos, Zaluc había descifrado el ritual a completar y descubierto el lugar secreto en el que hallaría al señor de las tinieblas. Para ello necesitaba sacrificar a una chica pura en todos los sentidos, algo muy difícil que le había llevado a desperdiciar su tiempo desmembrando a chiquillas que habían resultado inútiles para sus planes, pero perfectas para proporcionarle un placer al que se había vuelto adicto.
Pero esta chica sería La Chica, tantos años dedicados a brujería, quiromancia y libanomancia que habían contribuido a su formación como Teruán, un poderoso estatus de hechicero, le confirmaban con una contundencia difícil de ignorar que ella era la indicada. Sopesó la idea de repetir sus favoritas carnicerías después de ser el segundo de Yyrum. Así pues, colocó el cuerpo inconsciente de la niña que no pasaría de los veinte años en el altar de piedra que usaba desde hacía años y empezó a recitar unos extraños versos mientras recogía la daga impregnada de romero para comenzar con el trabajo. “Milowin wiki rapacui cue, tiki wiki lumpien tu” Esa retahíla de palabras sin sentido para una persona ajena, sumadas al sacrificio abrirían el portal del que emergería un Yyrum que le recompensaría con más poder del que nunca hubiese soñado.

“Tiki wiki lumpien tu” En un breve silencio clavó la hoja afilada en el centro de su vientre y la deslizó hacia su parte más baja deleitándose con el olor de la sangre que brotaba del cuerpo de una joven que aterrorizada había abierto los ojos para contemplar cómo el brujo ascendía el corte hasta su cavidad torácica y sostenía su corazón. Qué placer le transmitía presionar ese pequeño e importante músculo con los dedos de su mano, el probar la sangre que de él resbalaba; cuán fugaz era la vida humana que el trocaría por inmortalidad. Ese olor a miedo le excitaba, ese poder de arrebatar el aliento a otros. Insignificantes segundos pasaron hasta que el Teruán contempló complacido el último suspiro de la joven, cómo la intensidad o el temor abandonaba esos ojos. La verdad es que era una muchacha hermosa, y si no hubiese supuesto robarle la pureza necesaria para sus fines habría aprovechado mejor el inmaculado cuerpo, pensó mientras se aproximaba a rozar unas mejillas exentas de todo color.

Ricky despertó sobresaltada tras esa horrible pesadilla. Había visto las chicas que el brujo reconocía como anteriores sacrificios, la policía llevaba meses buscándolas sin el menor éxito, y ahora entendía el por qué de su fracaso. El terror la invadió al pensar en lo que habrían sufrido aquellas niñas y una sensación de vértigo nubló su vista al rememorar la máscara de satisfacción de ese sádico ser miserable que disfrutaba profanando el cuerpo de inocentes. Sintió que se quedaba sin aliento, que el calor huía de su rostro al pensar en la víctima que acababa de ver morir, esa cara que reconocía cada día en el espejo. Sabía quién sería su próximo sacrificio: ella.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Tú, corazón aventurero


Presta atención aventurero, pues lo que te voy a revelar, no es un juego y viene de hace mucho tiempo atrás. Allá en lo profundo del bosque, lejos de tu conocida civilización; no te confundas de sendero y llegarás a su corazón. Sigue el curso del río, su humedad y su ágil correr, y más allá de la catarata atrévete a entrever. Debajo de la roca mayor, aquélla que a un cráneo se asemeja, encontrarás la boca de la gruta que, si eres listo, deberá ser tu meta. Repasa con atención, pon con deliberación tu oreja y atrapa todos los detalles de esta antigua receta.
Mas ten cuidado amigo, echa mil y una miradas y esquiva a la monstruosa criatura que el gran tesoro aguarda. Una vez al monstruo hayas burlado, clava tu vista en el suelo, y pisa las traicioneras piedras con esmero. Sortéalas de dos a dos, ¡importante! deja libre la del centro si no quieres, ir a parar al infierno. Si piensas que eso es todo, no podrías andar más errado, serafín; no te dejes engañar por esas trampas que quieren provocar tu fin.
Una vez en la última roca, con solo un saltito más, arrivarás a la orilla escondida de la mar. Ahora que ya has llegado acertadamente tu razón, pues si pensabas que eso era todo, tu viaje no tendrá solución. Tienta con cuidado, pesa tu preciado tesoro; un solo paso en falso y adiós a ti y a tu oro. Una vez más insisto, ten en el camino precaución, sal de ese bosque a tiempo y evita que sea tu perdición. Y si en tu empresa tienes éxito, acuérdate de todos aquellos que por codicia perecieron, reza por sus almas sin consuelo. Pero, sobre todo, disfruta tu tesoro, joven aventurero.




viernes, 7 de diciembre de 2012

Irremediable destino, consumado final

Muerte, querida amiga,
inevitable destino.
Silenciosa compañera.
 
Cubre con tu espeso
y denso manto negro,
olvido pesaroso
que envuelve tu misterio.
 
Ay, de cándidos ilusos
que piensen osar esquivarte
pues, tu férreo abrazo
jamás quedará inconcluso.
 
Muerte, esperanza eterna.
Súmenos en tu paz,
llévanos a tu puerta.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Mal de amores


Cada día me muerdo la lengua. Me esfuerzo por encontrar algún comentario que justifique el hecho de cruzar palabras contigo para, una vez hallada, guardarla en lo más profundo de mi alma. Allá donde mire veo parejas tan cercanas, y tú, situado a la misma distancia me resultas tan distante. Me esfuerzo por convencerme de que se trata solo de un capricho pasajero, y quién sabe si quizá lo sea, pero no encuentro pruebas científicas con las que contrastar mi hipótesis.
 
Innumerables son las ocasiones en las que fantaseo con un simple intercambio de miradas, una señal que me haga saber que no soy invisible, unas palabras de cortesía que indiquen que has reparado en mi presencia. Sin embargo, cada día me reprendo a mí misma por esperanzarme en la atención de un tercero, en ser tan insignificante como para desear el simple contacto que siempre rehuyo; me hallo en una encrucijada, en una disonancia entre mi yo real y el futuro inmediato que idealizo en mi mente. A veces me gustaría poder derribar el muro con el que cerqué mi castillo hace tiempo, en el que no soy la princesa, sino mi propio verdugo.
He leído tanto, he visto tanto, y sin embargo, mis pasadas experiencias me hacen pensar que sólo es una ilusión demasiado perfecta, de una vida irreal, inalcanzable. Aquí sigo, querido y cruel angelito cupido, esperando que por una vez tu errada flecha de en el centro de la diana correcta.
 

viernes, 9 de noviembre de 2012

El perfume de la lluvia


Me gusta la lluvia. Es indescriptible la sensación de embriaguez que evoca en mí el rítmico golpeteo de la lluvia sobre el cristal, ese hipnótico susurro de una dulce voz que acompaña a las gotas durante su carrera por el cristal empañado, como gotas abriéndose paso a través de un cabello mojado, dejando surcos en su recorrido como los que forman miles de lágrimas sobre una gélida mejilla. Miro el cielo encapotado, sereno y gris, pálido como unos ojos que febriles brillan y te impactan cual fulgor de un relámpago cuando te observan atentamente. Truenos, que ensordecen a intervalos igual que un corazón apasionado. Ansío caminar bajo el aguacero, sintiendo cómo las gotas se deslizan por mi pelo, por mis mejillas, rozan mi piel con sus tersas y suaves manos. Entonces aspiro ese aroma taciturno que me hace recordar una mueca enmarcada por un rostro celestial, una sonrisa de ángel que espera acabe pronto la tormenta para lucir sus límpidas alas blancas.


Quizá algún día olvide mi paraguas y me empape sin miedo con ese agua milagrosa que auguro calmará mi alma impaciente. Mientras tanto: que llueva, que llueva.



domingo, 21 de octubre de 2012

Incertidumbre paradójica


Un día más se levanta para ir a clase. De nuevo, verá a sus profesores, a sus apuntes, a sus compañeros, y entre estos últimos a él.

Todas las noches antes de dormir piensa en él, en su presencia, en su sonrisa, en ese misterio que lo envuelve e invita a indagar más sobre su persona. Si tan solo supiese algo de él, si lo conociese un ápice, quizás podría cerciorarse de que es el amor de su vida; o tal vez comprendería que no son compatibles, quitaría la venda que a sus ojos inhibe y dejaría de pensar en él todo el tiempo. Podría aplacar el latido desbocado que atenaza su pecho cuando por casualidad sus miradas se encuentran.

Está bien, mañana lo haré, hablaré con el y me ganaré su confianza, seremos amigos, acaba sentenciando cada noche antes de entregarse al dios Morfeo; por la mañana, sin embargo, todo es muy distinto: sus pies parecen desarrollar raíces que la atan al suelo, el corazón late, su boca se obstruye con todas esas palabras que no logran encontrar una salida. De repente, encuentra su mirada, y seguidamente esconde su rostro sonrojado mientras da vueltas a la idea de que es imposible y ha sido una estúpida al pensar en la posibilidad. Entonces, coge su diario y detalla cómo debería haber transcurrido la situación, recreando la situación ideal.


Ahí está de nuevo, evitándole; lo que él daría por contemplar esos preciosos ojos toda la eternidad. Cada vez que la ve le embarga un profundo anhelo, quisiera tomar su mano y acercarla a su pecho para así demostrarle que late por ella. Es tan pequeña y adorable, a simple vista podría pasar por una chica más, pero algo en ella la hace especial, destacar entre ese mar de gentes en el que está inmerso. No sabe su será su alegría, esa risa angelical, o la energía con la que parece danzar siempre que realiza el más mínimo movimiento, pero no puede sacar de su cabeza a esa chica.

Todos los días la observa desde la lejanía y se obliga a ir a hablar con ella. Está a punto de hacerlo, y ya nota el cálido abrazo de su mirada, cuando la chica de sus sueños agacha su linda cabecita. ¡Qué estúpido! A ella no le interesa, pues cada vez que intenta acercarse, ella lo evita; seguro que solo busca su mirada para después escribir en su cuaderno cuan mediocre le resulta en comparación con aquél que verdaderamente ocupa sus pensamientos.  

lunes, 15 de octubre de 2012

UNA Y NO MÁS


Todos cometemos errores continuamente, unos de mayor magnitud que otros, pero no por ello somos reos condenados a la guillotina; obramos mal, a veces sin excusa o con una que realmente no justifica nada. ¿Cuántas veces es necesario equivocarse para aprender? UNA y NO MÁS.

Nos dejamos llevar, y realizamos acciones de forma inconsciente, sin analizar nuestros actos en profundidad, y de esa forma acabamos perjudicando a aquéllos que nada tienen que ver. UNA y NO MÁS.

Y al darnos plena cuenta de qué hemos hecho, caemos en un bucle martirizante que nos recuerda constantemente cuan ruines hemos sido; cómo llegamos a traicionar nuestros principios para convertirnos exactamente en nuestro gemelo malvado, un ente contrario a nuestra naturaleza contra el que hemos luchado toda nuestra existencia.

Pero eso no es suficiente, todo cuanto nos rodea o todos los que conviven a nuestro alrededor se empeñan en sumirnos en la vergüenza, regocijándose cruelmente en nuestra miseria, juzgando lejos de ser árbitros imparciales. Nada podemos hacer, solo penar en silencio, aguantando y plantando cara impotentes ante las circunstancias.

Ya nada será igual que antes. El reproche reflejado en los ojos de tus semejantes se une al sentimiento de haberte fallado a ti mismo. ¿Dónde está la persona que solías ser? Yo lo sé; hundida en la oscuridad buscando cualquier indicio de luz para luchar contra el mundo, porque fue UNA vez y NO habrá MÁS, porque te servirá como otra lección en esta vida caprichosa que nos da mil vueltas, porque te hará de espíritu más fuerte,  te mantendrás en pie pese a la tormenta que tratará de derribarte. Errar es inherente a aprender y no se aprende sin cometer errores; pero, al final de tus días estarás seguro de que fue UNA y NO MÁS.

martes, 9 de octubre de 2012

¿Por qué nos desprecian en la copistería?

Puede que os resulte difícil de creer, dada la simpatía que derrochan las chicas de la copistería de nuestra facultad, pero esta historia es totalmente cierta. El odio y la aversión de la que fuimos víctimas, la humillación a la que nos sometieron.

En la fotocopiadora de la biblioteca, se estaba acabando el papel, por lo que Rochelle y Ártemis acudierona copicentro en busca de ayuda. Tras largo rato discutiendo quién iba a dirigirse a las trabajadoras del establecimiento, pues todos ya han comprobado su antipatía, Ártemis decidió plantear la cuestión a la que de aquéllas parecía más amable. Sin embargo, su plan no salió del todo bien y nuestras dos aventureras sufrieron la cólera de otra empleada que creyó oportuno inmiscuirse en la consulta, y de paso, humillarlas.

A- Perdona, es que a la fotocopiadora de la biblioteca se le está acabando el papel y... 
E-¡¡¿QUÉ SE LE ESTÁ ACABANDO O SE LE HA ACABADO?!! ¡¡CÓMO LO SABÉIS!
R: Porque lo pone.
E- ¡¡¿PERO EN QUE BANDEJA?!!
R y A: .... (¿cuántas bandejas habrá?¿¡qué vamos a saber nosotras?)
E- ¡ES QUE HAY 4! ¡DOS HORIZONTALES Y DOS VERTICALES Y ES CASI IMPOSIBLE QUE FALTE PAPEL!

Rochelle y Ártemis se quedaron calladas, estupefactas, empequeñecidas ante el mal trato que recibieron; se preguntaban qué había de malo en su pregunta, cómo habrían podido ofender a esa señorita para que las vociferase de esa forma ante los compañeros de su facultad.

Me parece un abuso, pues nadie le había faltado al respeto para que ella si lo hiciera, denigrando a dos pobres estudiantes. Tal vez solo me lo parece a mí, pero en mi opinión, se debería respetar a los clientes y en caso de desconocer el funcionamientos de la copistería, invertir el tiempo en explicarles su error en lugar de ponerlos en evidencia y maltratarlos psicológicamente.

P.D.: nos deben una disculpa, ya que nosotras llevábamos razón, y sin comprobarlo siquiera, ya nos gritaban.


sábado, 6 de octubre de 2012

El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra

En ocasiones me siento como una persona malvada odiando a quienes no me han hecho daño alguno, al menos directa o intencionadamente; intento reprimir este irremediable impulso de ponerles mala cara y realmente me cuesta aparentar que no hierve mi sangre en ese momento.
 
Con un simple gesto encienden mi cólera, y quizás solo es que intento justificar estos sentimientos, pero hay quienes parecen esforzarse por ser insoportables, que solo abren la boca para despejar la salida a estupideces que superan en tamaño a una ballena azul. Les resulta tan fácil, tienen un talento natural para soltar frases sin pensarlas. ¿o es sólo mi imaginación? ¿es que soy una prejuiciosa intolerante?
 
Confío en que habrá quien experimente las mismas sensaciones con tan solo escuchar mi nombre. Siento si no caigo bien, pues sé que no soy la flor más adorable del jardín, pero de verdad que no quiero hacer ningún mal a nadie, nada más lejos de mi intención.
 
Acabo de presenciar una escena que ha acabado con mi paciencia. Quizá que la odie aumenta mi indignación, pero, ¿por qué regañó a ese pobre niño por tocar, simplemente rozar con sus dedos, un cartón vacío? ¿sólo porque ella había traído una tarta dentro? Pues que yo sepa, EL CARTÓN NO SE COME. Pensaréis que lo hacía para evitar que se manchara, pero eso resultaba imposible, pues la caja estaba impoluta.
 
¿Soy la única irracional, que reacciona exageradamente contra cualquier inocente criatura del señor? Creo que no, pero eso no me hace mejor persona, y hasta pienso que me rebaja al mismo nivel de patanería.
 
 

sábado, 22 de septiembre de 2012

Nieve, hielo y escarcha

Me siento vacía. No logro identificar de qué carezco para albergar este sentir. Miro a mi alrededor y puedo valorar todo cuanto me rodea; no me falta de nada, soy afortunada de tener  todas aquéllas necesidades esenciales cubiertas. Y, sin embargo, mi mente trata constantemente de encontrar el fallo que supone que existe en alguna parte.

Puedo leer miles de libros, evadir la realidad, imaginar sin un rumbo fijo; pero mis fantasías, solo son eso, historias inventadas por un corazón que espera experimentar diferentes tipos de latidos, y no sólo el bum-bum acostumbrado y monótono de cada día.

Soy una persona fría, seria; allá donde voy me lo hacen saber. Pocas cosas derrumban el castillo de hielo en el que me instalé cuando no tenía uso de razón. Estoy orgullosa de ser fuerte, de ser capaz de mantener la cabeza alta a pesar de las circunstancias, de mantener la cabeza fría, no dejarme llevar por sentimientos pasajeros. Esta misma férrea determinación es la que impide derribar la muralla que me envuelve, cascar la coraza que me protege. A veces, bajo la guardia y aparecen fisuras momentáneas, pequeñas grietas por la que se me escapa un retazo de mi yo sentimental; entonces, aquél que lo presencia me observa desde un rostro sembrado por la estupefacción, pues nadie puede ver más allá de la máscara, nadie ha captado jamás mi esencia. 

Quizás un día encuentre alguna persona que derrita el hielo, que asuma la función de mi sol propio; que me escuche y no me oiga, que me mire y no sólo me observe. Que pueda atravesar el caparazón, que me sienta como soy.  

sábado, 15 de septiembre de 2012

Inevitablemente incontrolable, como el mar


Beth era un bebé cuando el barco pesquero en el que viajaba con sus padres y su tío empezó a acercarse más y más al fondo del océano marino. Rápidamente, posaron en la superficie marítima el pequeño bote de emergencia con la bebé y su madre. Parecía que todo iba a salir bien, pero por desgracia o por fortuna, el bote se soltó del barco, alejándolo e impidiendo que los dos hombres subieran a él a tiempo de evitar la explosión que sobrevino y calcinó la embarcación. La madre de Beth, Soledad, continuó en la barca, desolada por la pérdida pero decidida a salvar a su hija, hasta que después de dos lunas un barco comercial las recogió del agua salada.

Varian se sintió aliviado cuando después de dos días de vigilar la barca superviviente del naufragio presenció el rescate de la mujer con el bebé en sus brazos.

Los años pasaron y Beth se convirtió en una muchacha bonita y menuda que era el centro de las crueles burlas de sus semejantes; continuamente le recordaban su orfandad, por lo que prefería alejarse hasta un diminuto acantilado para olvidarse de las hirientes palabras de sus compañeros de clase. A pesar de saber que el mar le había arrebatado a su padre antes de conocerlo no podía evitar experimentar cierta fascinación por él y las criaturas que vivían en su seno. Cada tarde pasaba horas en aquellas rocas, y todas y cada una de ellas, el agua le enviaba una preciosa caracola; no entendía el por qué de ese detalle y sin embargo, lo esperaba con impaciencia.

Varian observaba con atención su hermosa melena morena, su cara angelical; cómo su expresión de tristeza cambiaba a una profunda mirada indescriptible cada vez que se sentaba en la roca y dirigía sus ojos verdes esmeralda hacia el horizonte. Era consciente de que todo sueño que albergase su corazón respecto a ella era imposible, pero aunque su padre le instaba a que desposase a una bella sirena, la idea de pasar el resto de su vida junto a una mujer que no fuese su amada Beth le desgarraba el corazón y cuando se ponía el sol escapaba a la costa para hacer llegar una caracola cargada de un pedacito de sus sentimientos a la preciosa niña que había ocupado su mente desde hacía años.





martes, 11 de septiembre de 2012

Escribe tu propio final. Mientras tanto, éste es el mío


Frío. Mis mejillas arden, pero sigo sintiendo frío. Indiferencia. Todos a mi alrededor danzan, y sin embargo me parecen estáticos, inmersos en un campo gravitatorio que ralentiza sus movimientos, cual planetas que giran en torno a un sol extinto; en torno a una figura central, epicentro de la parsimonia. Oigo la música, mi cuerpo quiere dejarse llevar, marcar el ritmo, pero algo me detiene, una fuerza me petrifica. Me siento desplazada, como la pieza del puzzle equivocado.

Sola con mis pensamientos, todo da vueltas y yo permanezco en el mismo lugar, inmersa en un sueño que revivo una y otra vez sin remedio alguno. El tiempo corre y no lo siento; oigo risas, expectación y llantos sin escucharlos. No me siento cómoda, me ahogo. Como ansío a veces despertar de este aislamiento, sentirme parte de todo y a la vez de nada. Necesito romper las cadenas que me atan.

Entonces veo un lápiz, entonces vislumbro un papel; aquí está mi válvula de escape. Ahora sí mando yo, soy la dueña de mis pasos, de las letras que escapan de mi puño y letra; yo hago las normas, yo dicto las reglas de mi juego. Mi imaginación no conoce límites, no entiende de barreras y censuras. Esta soy yo: libertad de pensamiento, de movimiento, tan solo cerrar los ojos y puedo ser lo que me apetezca, puedo ser quien quiera.

Este es mi mundo, aquí encajo a la perfección, soy la última pieza que completa el rompecabezas. Con fuerzas e ilusión renovadas, ya no percibo a los demás inmóviles en el continuo espacio-tiempo, me olvido de aquéllos que me apartan de su atención. Tras escribir el punto y final, todo lo que me rodea cambia: color, alegría, movimiento; si puedo cambiar mi fantasía, lo mismo haré con mi realidad. Una incipiente carrera clama mi participación, me preparo, suena el pistoletazo de salida y avanzo hacia la meta con todas mis fuerzas, pues es mi objetivo ver el trofeo de la vida en mi estantería cada día, cada despertar. 


domingo, 2 de septiembre de 2012

Hipocresía fuera ¡ya!


Esta entrada va dedicada a aquéllos amigos hipócritas que te consideran una piedra en su zapato: algo molesto que desean que desaparezca. Esos que aún oyéndote no te escuchan, pues prefieren ignorarte y no desperdiciar su precioso y valioso tiempo contestando con un monosílabo a tu pregunta. Quizás tienen una sordera crónica que les impide hacerte el menor caso excepto cuando necesitan algo de ti; o puede que quizás solo sea que su gran ego les tapa los oídos cuando les conviene. Sólo te soportan por vergüenza, por no dejarte de lado, solo en un rincón; aunque tal vez eso sea preferible a sentirte marginado. En su tiempo lo aguantas y sacas provecho igual que hacen contigo, te enfadas y notas cómo la frustración y el odio crecen en cada célula de tu cuerpo, te deprimes preguntándote qué les has hecho para que no te traten de ningún modo.

Cuando el tiempo pasa y puedes analizarlo objetivamente, sólo puedes dar gracias. Gracias por haberte apartado a tiempo, por no haberte convertido en alguien como ellos, carente de toda amabilidad y empatía para con lo demás. Ahora tienes amigos de verdad, personas iguales a ti entre las que no te sientes diferente ni excluido y puedes disfrutar de verdad, mostrarte tal y como eres, sin disfraces ni falsas apariencias; compañeros que no te dan la espalda a la primera de cambio ni te pasan malas jugadas. Son esos que no son amigos, son más que eso: son compañeros, camaradas, aliados; personas dignas de tu respeto, tu cariño y tu confianza.

martes, 28 de agosto de 2012

La cueva de las ánimas


Si paseas por el pequeño pueblo costero de Seavely seguramente oirás la historia de Cristine, una bella joven víctima de un trágico amor. Tal vez la consideres una simple historia de fantasmas, mas es mucho más que eso, lo es ante todo de amor, de pérdida, de superación. Probablemente nadie conozca lo que de verdad aconteció, y sólo cuenten la existencia de una cueva encantada, en la que residen los espectros de dos jóvenes amantes que murieron aceptando su trágico destino: uno, el morir ahogado, la otra abandonarse a la muerte para reunirse con su difunto amado. Sin embargo, conozco cuanto ocurrió, y considero que se debería recordar a la pareja como ejemplo de las horribles consecuencias de aquellos amores que se ven irremediablemente truncados y obligados a marchitarse por la soledad.



Cristine Renuois era una muchacha joven y alegre, que vivía en el pueblo años atrás. No siendo muy alta y esbelta, era la envidia de las otras doncellas del pueblo con su larga melena negro azabache y su hermoso rostro, el cual hacía pensar a cualquiera que lo contemplase que se hallaba delante de un ángel. La felicidad en persona, danzaba por la plaza con delicadeza, como si en realidad no llegase a rozar el suelo, maravillando a sus vecinos y regalándoles contagiosas sonrisas, despertando así el interés de numerosos jóvenes casaderos miembros de notables familias; sin embargo, ninguno de ellos podía igualar a su amado Valentine. Noble, apuesto, cortés, eclipsaría a los muchachos de más alta cuna, si no fuese un pobre sirviente de la familia Renuois.



Ya desde pequeños habían congeniado, pues tenían prácticamente la misma edad y habían jugado juntos mientras la madre de Valentine, viuda, trabajaba de sol a sol en las tareas de la mansión perteneciente a la pudiente familia. Lo que empezó como una bonita amistad, con el tiempo fue convirtiéndose en algo más, algo que estaba totalmente prohibido ya que ambos pertenecían a clases sociales muy distantes. No obstante, ese pequeño impedimento no cortó las alas de su amor, y decidieron verse a escondidas. Utilizaban un recóndito lugar de la cocina  para citarse sin que nadie lo advirtiera, pues como era un rinconcito olvidado podían dejar diminutos trozos de papel que indicaran la hora de su encuentro; llegado el momento de su reunión, la pareja se ocultaba en una pequeña cueva apartada de la población y allí disfrutaban de la compañía del otro sin temer las censuras del mundo que los rodeaba.



Cristine estaba cansada de tener que ocultar la razón de su dicha, pero sabía que si sus padres se enteraban de su relación con el sirviente, le prohibirían seguir viéndole. Tras sopesar con detenimiento las circunstancias, y puesto que no estaba dispuesta a olvidar al amor de su vida, resolvió que lo mejor sería alejarse de allí y empezar una vida juntos en otro lugar, lejos de su familia, apartados de aquéllos que pretenderían juzgarlos y separarlos. Así, esa mañana se dirigió a la cocina y escondió una pequeña hoja de papel para su amado, informándole de la hora a la que se encontrarían. De lo que no se percató fue de la presencia de su hermana mayor, una señorita orgullosa de pertenecer a una familia rica y de encontrarse prometida con un caballero poseedor de una de las mayores fortunas conocidas. En cuanto Cristine salió de la cocina, su hermana Clarisse se dirigió al lugar que había ocupado su hermana y leyendo lo escrito en la nota, planeó seguir a Cristine a donde fuera que fuese.



De ese modo, Clarisse escoltó en secreto a su hermana hasta la cueva en la que se iba a reunir con Valentine y escuchó con esmero todos los detalles de la prominente fuga de su hermana: a esa misma hora se reunirían allí para salir al anochecer de la ciudad, en el caballo que sustraería Valentine de las caballerizas de los Renouis y con el dinero que Cristine pudiera reunir sin ser descubierta. Lo que no habían planeado era que Clarisse se les adelantaría y relataría todos sus planes a sus padres. Los señores Renuois, para impedir una mancha en su antiguo linaje, encerraron a su hija menor en su habitación, impidiendo que pudiera reunirse con su amado y emprender el viaje.



Valentine, inquieto ante la tardanza de su adorada Cristine, no podía dejar de pasear de un lado a otro preguntándose qué habría podido sucederle para que retrasara tanto su llegada. Tan ensimismado se hallaba en su reflexión, que no apreció lo próximo que estaba al borde de las rocas resbaladizas, y ya demasiado tarde intentó volver atrás sin éxito.



Cristine por su parte, ideó la forma de escabullirse por la ventana y llegar a la cueva, rogando por que Valentine no hubiese interpretado su demora como arrepentimiento. Pero cuando se adentró en la cavidad cada poro de su piel sintió cómo la temperatura descendía bruscamente, cómo su corazón se encogía y su mente se nublaba imposibilitándola a dirigirse hasta el cuerpo sin vida de su amor que flotaba flácido sobre la superficie del agua.



Para la familia Renuois fue una tragedia dirigirse a la pequeña cueva tras averiguar que Cristine había logrado escapar y no encontrar allí más que un conocido vestido ajado cerca de la roca. Durante años lloraron la muerte de la joven y lamentaron haberla conducido a ese terrible final. Lo que nunca supieron es que después de sollozar por la pérdida de su corazón, Cristine se negó a volver con los que habían propiciado aquella situación, pues le recordarían cada día el profundo dolor que le habían inflingido y el odio que crecía en alguna parte de ella, de modo que montando en el caballo apostado a la entrada de la gruta huyó lejos para alejarse de toda la soledad y la amargura que para ella representaba ese lugar, para poder darse otra oportunidad y no rendirse a la tristeza, ya que sabía que el deseo de Valentine sería que siguiese adelante y fuese feliz.


                                                  
Ésta es la verdadera historia, lo que nunca ninguna persona supo y lo que todos deberían saber, pues creo que después de largos años de incertidumbre y remordimientos, ya pagaron con su propia aflición; y a pesar de que son culpables de impedir que una semilla floreciese, ya nada podrá volver el tiempo atrás y devolverle la vida a quien hacía latir mi corazón.


                                                                                                                                                               Cristine



        

sábado, 25 de agosto de 2012

Un pellizco no te va a salvar


“Odio tener que volver sola a casa tan entrada la noche; ojalá viviera en el centro y no en las cercanías de... Espera, ¿qué ha sido eso?”

Judit se queda paralizada escudriñando la oscuridad; todo parece tranquilo, y sin embargo percibe que no está sola. Está asustada; corre, justo delante está su residencia. No obstante se ve obligada a girar ciento ochenta grados cuando casi choca con la figura encapuchada que se interpone en su camino. Recorre las calles que rodean los viejos edificios de su zona con el corazón en un puño, aterrorizada, pues nota que la está siguiendo. Penetra en un callejón en el que queda atrapada como el aire en sus pulmones, y consternada aguarda a aquello que la persigue. Petrificada por el miedo, contempla cómo su captor aferra su brazo fuertemente.

Despierta. Acelerada, se incorpora bruscamente, buscando frenéticamente cualquier vestigio de la escena que acaba de vivir. No hay nada, todo ha sido un sueño, se recuerda mientras dirige una mirada inconsciente al brazo que asía aquel encapuchado y en el que ahora, alarmada, vislumbra la marca enrojecida de una garra.

Ying-Yang


Hay días en los que te arrepientes de haber salido de tu cama, en los que culpas al sol por obligarte a afrontar un día fatal, en los que la suerte no te acompaña. Sufres una decepción tras otra, caes una y otra vez; pero aún así te levantas. Llega un momento en el que lo ves todo negro, te arrepientes de ser tú mismo, maldices tu suerte. Sientes demasiado cerca a los que te rodean, y deseas que te dejen tranquilo; te molestan, te atosigan, te agobian, te inhiben. Es entonces cuando te das cuenta de que sólo intentan ayudarte, levantarte el ánimo; tratan de animarte y hacerte reír. Y realmente sonríes, pues sabes que no estás solo, que confían en ti y si te tropiezas estarán ahí para ofrecerte sus manos.



Has sido un tonto. Así es la vida, como una montaña rusa que te lleva a lo más alto y de repente se desliza sinuosa hacia tierra firme, para luego volver a subir; las dos caras de una misma moneda. Ahí se encuentra la verdadera fortaleza, no en ser el más osado o el más temerario, sino en no darse nunca por vencido, en luchar cada segundo y aprender de tus errores; en levantarte con el doble de ilusión, con el triple de ahínco, con la seguridad de que puedes realizar aquello que desees. Con la certeza de que puedes comerte el mundo. No te muestres cabizbajo, no te sumas en el pesimismo; afronta tus miedos con la cabeza bien alta, enfréntate a tus preocupaciones con valor y seguridad. Sé positivo y no te rindas nunca, esa es la actitud que te llevará a tus sueños, y si lo deseas, hasta el infinito y más allá.


miércoles, 22 de agosto de 2012

Las visitas, mejor a la luz del sol


Definitivamente, estaba loca; no podía creer que la hubieran convencido para entrar en esa casa abandonada. Siempre le habían parecido absurdos los rumores que circulaban sobre la antigua mansión en el pueblo, pero una vez allí, ante el majestuoso caserón, no le parecían tan descabellados. Estúpida apuesta.
Era una construcción formidable; situada en las afueras del bosque, reflejaba el estilo arquitectónico del pasado siglo. Giró en derredor observando el lúgubre terreno que rodeaba la casa, el cual se veía más terrorífico durante la noche: el jardín descuidado, las zonas en las que la tierra se amontonaba sin razón aparente, aquellos ojos que la espiaban entre las ramas huesudas de los árboles. El pánico empezaba a abrirse paso entre sus intentos por dar un sentido racional a lo que tenía delante, por lo que decidió centrarse en el caserón que había dejado a sus espaldas. Sus torres con techos a dos aguas, adornadas con escalofriantes gárgolas y esos ventanales en los que la luna se reflejaba arrancando destellos asemejados a figuras tras los cristales, enviaban escalofríos por la espalda de Laia.
 Haciendo acopio de todo su valor, puso un pie en el primer peldaño de la escalera del pequeño porche, haciendo que crujiera bajo su peso y enfureciese a los murciélagos que colgaban descansados. Laia tuvo que luchar para ahuyentar a los pequeños vampiros que se enredaron en su pelo y sus ropas, y ponerse a cubierto en el interior de la casa, cuya puerta, casualmente, no fue difícil de abrir, todo lo contrario de lo que había esperado la muchacha.



jueves, 16 de agosto de 2012

La fiera aguarda entre las sombras

Cuenta la leyenda que en las noches de luna llena es peligroso adentrarse en el bosque de Worthwood, pues allí una oscura figura aguarda impaciente. Pocos son los afortunados que han vivido para describir a la criatura que habita en la espesura y muchos los desventurados que, habiéndose adentrado en Worthwood nunca han regresado.



Unos cuentan que aquéllo que recorre el bosque es un ente fantasmagórico que arrastra a quien pisa el frondoso manto verde al fondo del lago localizado en el corazón del bosque; otros lo dibujan como un diabólico ser encargado de conducir a cualquier osado a soportar las más insoportables torturas en el Hades. Hay quien piensa que no es más que una horrorosa quimera, atrapada entre los árboles sin ningún otro alimento que la carne humana que penetra en la boscosidad.



La identidad de ese épico ser es un misterio, nadie sabe con certeza qué es, solo coinciden en su ferocidad, en la mirada oscura y penetrante de unos ojos rojos como el fuego del infierno, que hielan la sangre y coronan un enorme cuerpo de metros de altura. Sus extremidades acaban en garras tan afiladas como los dientes que sobresalen de sus fauces, que podrían devorar a un humano sin el mayor esfuerzo.



Una vez al mes se escuchan gemidos procedentes de la oscuridad, quizás de las víctimas de este monstruo que espera agazapado a su presa, quizás del propio ser consciente de su soledad. Lo único seguro es que si no quieres experimentar la más dolorosa de las muertes deberías alejarte de los terrenos del bosque de Worthwood.







miércoles, 15 de agosto de 2012

Ceremonia de clausura

Había llegado ese gran día. Cuántas veces les había dicho a sus dos mejores amigas que jamás se casaría, y allí estaba dentro del coche que la transportaría hasta la puerta de la iglesia para hacer su entrada triunfal. Dentro de la parroquia la esperarían familia y amigos para acompañarla y desearle lo mejor, y el más importante, el que se convertiría en su esposo. Se sentía dichosa, y en el momento más importante de su vida, no podía evitar acordarse de las amigas de su infancia, las dos compañeras con las que había crecido, reído y llorado, ganado y perdido, y a las que hacía años que no veía porque había decidido pasar todo su tiempo con su futuro esposo.



La ceremonia transcurrió como en uno de sus mejores sueños. Mientras el cura que oficiaba la unión hablaba sentía cómo revoloteaban mariposas en su estómago, su corazón palpitaba amenazando con salir de su pecho y no conseguía dejar de mirar de soslayo a su prometido; se le veía tan guapo, a pesar de que en ocasiones otros se empeñaran en convencerla de lo contrario. Pero todo quedó olvidado cuando dijo “sí quiero”.



Sin embargo, el sueño de Carol se convirtió en su peor pesadilla. Durante la celebración no paraba de ir de un lugar a otro, conversando con los invitados, y recibiendo regalos de los asistentes. Precisaba guardar los regalos, pues no los iba a cargar indefinidamente; de modo que abrió una puerta para dejar los obsequios y cual no fue su sorpresa al encontrar a su reciente marido con otra, en concreto aquella con la que había batallado constantemente en el instituto por pretender robarle a su, por aquel entonces, novio. Sintió como si se estrellara contra el suelo, ahora entendía exactamente cómo se puede partir un corazón, y los intentos de Carl por explicar el “malentendido” solo lo empeoraba. Al dolor se sumaron otras emociones: rabia, asco, vergüenza. El entumecimiento que se apoderó de su cuerpo no le impidió correr, atravesar el salón ignorando la sorpresa de sus invitados para perderse en su desilusión, su desengaño y su soledad.

lunes, 13 de agosto de 2012

Orgullo indigno

Dánae no estaba segura de la prosperidad de su relación con Fernando, por lo que decidió que muy a su pesar debía acabar su relación; lo tenía en muy alta estima, lo pasaba muy bien con él, pero sabía que eso no era suficiente para continuar. Estaba preocupada, pues no sabía cómo se lo tomaría Fernando y lo que menos deseaba era hacerle daño; esa era la razón por la que consideraba mejor la opción de acabar su insatisfecho romance sin demora, para evitar que el tiempo tornase la inevitable ruptura más difícil. Creía que podría reunir el valor suficiente, que sería fuerte para hablar con él y confiaba en que su amistad continuaría a pesar de lo ocurrido.

Sin embargo, su ruptura no transcurrió del modo que ella esperaba. Dánae le transmitió con sinceridad todo lo que sentía: aunque lo adoraba, no lo quería de la forma en la que él deseaba, su corazón no marcaba un compás acelerado cuando estaban juntos, y temía que las mariposas de su estómago habían volado muy lejos. Pese a que lo sentía mucho y no quería herirlo, lo hacía por el bien de ambos, para evitar un sufrimiento mayor, y lamentaría mucho que se enojara con ella y no le devolviera el saludo. Fernando por su parte, le rogó que no lo dejase, imploró una nueva oportunidad que aprovecharía para ganarse de nuevo su amor, y ante la negativa de su amada se enfureció, negándole su amistad y deseándole lo peor.

Dánae se sintió fatal, pues su memoria no la dejaba olvidar aquella escena. Revivía una y otra vez el tono de sus palabras, su mirada desesperada y herida que tornó en iracunda, la rabia y el veneno de su voz. Y por si fuera poco tendría que verlo todos los días en clase. Se sentaba tras ella y Dánae notaba su mirada acusadora clavada en su espalda como si se tratase de cuchillos atravesando su corazón.

Pasado un año, Dánae lo había aceptado y pensó que ya habría pasado la tempestad; pero no fue así. Recibió un mensaje de Fernando comentándole lo ilusa que había sido al creer que un chico como él podría sentirse atraído por alguien como ella. Dánae se quedó anonadada con lo que leyó y le pidió explicaciones. Fernando le contó que solo había salido con ella porque era el amor platónico de sus amigos, lo cual la había convertido en un reto para él (y como buen deportista, le encantaban los retos). Pero como Dánae había caído en sus redes fácilmente, ya no tenía importancia y para evitar hacerle daño se había comportado de forma contraria a como solía hacerlo forzándola a que rompiera con él. Después se había comportado como un desquiciado para conseguir que ella no se echara atrás, y ya de nuevo sin compromiso alguno, salió y conoció otras chicas. Además instó a Dánae a que le diera las gracias por haber sido tan considerado tomándose tantas molestias para no herir sus sentimientos y por haber empleado su tiempo en explicárselo todo después de un año.

Esto le demostró lo tonta que había sido. Se había estado preocupando por alguien que no merecía la pena, que había aprovechado la más mínima oportunidad para humillarla. Lástima que Dánae tuviera una fuerte personalidad y pruebas de que todo lo que Fernando le contó no era cierto, que solo lo decía por despecho. Aún así, estaba feliz, porque si Fernando había sido capaz de decirle todo eso significaba que no merecía ser el protagonista de uno solo de sus pensamientos y que había malgastado su tiempo y sus energías en sentirse culpable por quien ahora pretendía herir su ego. Y aunque sabía que estaba mal, no podía evitar sentir una pizca de complacencia al saber que Fernando no lo había superado y sufría por no tenerla. 






Puede que esta historia resulte un poco absurda a quien la lea, pero está basada en hechos reales y nada de lo que aquí se cuenta es inventado.





miércoles, 8 de agosto de 2012

Secuestrando la fama

- Los ladrones que han desvalijado una caja fuerte del banco se han confinado dentro de sus instalaciones con el gerente, un hombre joven y con gran éxito empresarial...
Alina miraba con cierta envidia cómo su compañera de oficio explicaba lo sucedido ante las cámaras mientras ella permanecía allí recogiendo información para redactar la noticia de un periódico local con pocos lectores. Desde pequeña había soñado con ver su cara en el informativo de las tres, en directo desde cualquier parte del mundo en la que ocurriera algún acontecimiento. Aborrecía sentirse insignificante y que nadie la tuviera en cuenta; debía hacer algo al respecto. Así que disimuladamente rodeó el edificio buscando algún indicio o dato de interés con el que destacar.

Los agentes habían intentado entrar en el edificio por la puerta de atrás, sin lograr pasar del pequeño vestíbulo que les daba la entrada. Alina se infiltró en aquella habitación cuando creyó estaría vacía, por lo que se alarmó cuando oyó que los nuevos refuerzos entraban; no sabía que hacer, de modo que presa del pánico repasó la sala con desesperación y reparó en una pequeña puerta que pasaba desapercibida a simple vista. Sin más demora cruzó la puerta y la cerró a sus espaldas, deseando con toda su alma que los agitados latidos de su corazón no revelaran su escondite. Cuando por fin logró serenarse advirtió que tenía delante un largo y angosto pasillo, y tras meditarlo detenidamente decidió avanzar por él. Ya saboreaba victoria cuando un fuerte brazo la asió y colocó algo sobre su cara que desprendía un aroma que la aturdió.

Cuando despertó algo desorientada, se estremeció al percatarse de que se hallaba atada a una silla junto a otra persona en su misma condición. Rápidamente cayó en la cuenta de la identidad de su acompañante y del peligro que corrían ambos. Su corazón amenazaba de nuevo con salir de su pecho cuando el gerente del banco le hizo ver que debía mantener la calma y ayudarle a escapar.

- Estamos atados, por si no te habías dado cuenta. Y a no ser que sepas hacer magia...
- Pues mira, sí, sé hacer magia- Dijo poniendo los ojos en blanco y continuó sin disimular su tono sarcástico.- Da la casualidad que esta mañana adiviné mi futuro y guardé en mi bolsillo una pequeña navaja. ¡Vamos, date prisa, cógela y corta las cuerdas antes de que vuelvan!
Alina comprendió al instante y se apresuró a coger la navaja y a cortar las cuerdas. En cinco minutos estaban libres de sus ataduras, pero presos en aquella habitación en la que los habían aprisionado. De repente se escuchaba el sonido de unos pasos que cada vez se acercaban más. Instintivamente se colocaron a ambos lados de la puerta y aprovechando que uno de sus secuestradores había entrado salieron silenciosa y velozmente cerrando la puerta y encerrando al delincuente en la habitación. Evitaron al otro de sus captores con relativo éxito pero cuando se disponían a salir éste los alcanzó. En ese mismo irrumpieron en la escena los agentes de policía y así quedó la escena: a un lado los agentes con sus armas apuntando al ladrón e instándole a que se rindiera, al otro extremo el bandido amenazando con disparar a sus rehenes y en el centro, Alina y el gerente considerando la posibilidad de despertar de aquella pesadilla en cualquier momento.

Todo pasó muy deprisa: los agentes avanzaron, el ladrón se sintió acorralado y lanzó un disparo que fue contraatacado por los de los policías; Alina sintió que aquél que la empujaba caía al suelo un segundo antes que el que los retenía allí.
En los días siguientes, Alina fue a visitar al gerente del hospital, Mario, que había sido ingresado después del tiroteo. Mario la recibió aquella mañana con un periódico en la mano y una sonrisa.

-Pero qué ven mis ojos, si es la periodista más famosa de estos últimos días, aquella que se rifan los mejores periódicos...
- Deja de burlarte, que lo mío me ha costado.
- Y que lo digas.- Dijo Mario abarcando con una amplia mirada lo obio.- Bueno, espero que tengas un hueco para ir a tomar un café cuando me permitan salir de esta prisión...
- Pues no sé, tendré que consultar mi agenda.- Alina no podía dejar de sonreír, pues su vida comenzaba a marchar como había soñado.

lunes, 6 de agosto de 2012

Noche de drama

Seguí corriendo como una demente, desesperada por escapar del fantasma que me perseguía; pero de nuevo tropecé una vez más, rompiendo el tacón de mi zapato de diseño y, para mi mayor desgracia, torciéndome el tobillo. Mis intentos de levantarme fueron en vano, así que lo único que podía hacer era quedarme allí compadeciéndome de mí misma y maldiciendo mi suerte. Aunque no por mucho tiempo, pues los pasos apresurados de mi predador se oían ya cercanos. Asustada giraba la cabeza en todas direcciones con la esperanza de que todo fueran imaginaciones mías; pero pronto me percaté de lo equivocada que estaba, al ver una sombra que se cernía sobre mí. No pude reconocer a mi perseguidor, lo único que veía era a los árboles girar a mi alrededor justo antes de sumirse en la oscuridad.
  • ¡Ya has despertado! Estaba preocupado.
Desperté desorientada bajo la intensa luz de la luna y algo cohibida ante la presencia de un desconocido cuya voz me resultaba familiar. Enfoqué un poco más la vista en su silueta y cuál no fue mi sorpresa al descubrir que era David, el mejor amigo de mi novio Mike. También pertenecía al equipo de natación y era el centro de atención de todas las chicas; de hecho, hubo un tiempo en el que estuve enamorada de él, pero Mike consiguió robar mi corazón poco a poco.
  • Tú. ¿Estás loco o qué? ¿qué hacías persiguiéndome por el bosque?
  • ¿Intentar ayudarte? Estaba preocupado por ti después de lo que escuché, pero viendo cómo me lo agradeces debería haberte abandonado a tu suerte.
  • ¿Lo que oíste? ¿Qué oíste?
  • Pues, después de ver liarse a tu novio con tu mejor amiga, escuché cómo planeaban estropear tu coche mientras estabas distraída para quitarte del camino de ambos.
  • Ya, eso te los estás inventando.
  • No; y créeme, tengo pruebas. Suerte que me estaba encargando del vídeo de la fiesta...
No podía creer lo que estaba viendo en la pequeña pantalla de la cámara, y desde luego este asunto no se iba a quedar así, ya planearía mi venganza. Hacía tiempo que nuestra relación no iba bien, pero se habían pasado tres pueblos. David se quedó conmigo en aquel claro hasta que me tranquilicé, hizo ademán de su característica charlatanería y lo pasé realmente bien, teniendo en cuenta todo lo que había vivido esa noche. Se le veía tan bien con su flequillo ondeando, que de vez en cuando dejaba al descubierto el reflejo de la redonda luna en sus ojos verdes. No sabía por qué pero no podía apartar la vista de esos labios que se curvaban en una sonrisa.
Me acompañó a casa y tras asegurarse de que me encontraba bien se despidió con una sonrisa que me desarmó. Tenía un rostro angelical, ya le echaba de menos y ni siquiera se había alejado. Ya me disponía a entrar cuando me sujetó el brazo y volviéndome hacia él unió sus labios a los míos haciendo que mi corazón estallara y mis piernas flaquearan. Nunca había sentido algo así. Cuando se retiró para mirarme su mirada de disculpa se tornó en una de euforia al comprobar que sus sentimientos eran correspondidos. Tras confesarme cuanto había ansiado ese momento, posó sus labios en mi mejilla y suavemente se deslizó hacia su coche y marchó.



Noche de infarto

El coche ha escogido el peor momento para estropearse, en plena noche y en mitad del bosque que debo cruzar para llegar a casa. Debería haberme acompañado Mike; ahora estoy aquí, perdida en un bosque tenebroso iluminado sólo por la luna llena, después de tropezar varias veces y desgarrar mi precioso vestido con la ayuda de esas ramas que parecen querer arrastrarte a un lugar más inhóspito aún.
Hace rato escucho ruidos y tengo la sensación de que alguien me sigue. Tengo miedo. Procuro pensar que son los animales, o es el propio miedo el que me aterra, pero esta opresión en mi pecho se niega a creerlo. Está más cerca. Presa del pánico comienzo a correr cual caballo desbocado, desorientada, ansiosa, sin percatarme de que me estoy adentrando más en el frondoso bosque y lo que sea que me acecha, me seguirá hasta el mismísimo infierno.

viernes, 3 de agosto de 2012

Espiral desesperanzadora


Jamás aprenderá. Una y otra vez ha visto cómo se desmoronan las ilusiones provocadas por promesas vacías, ha presenciado el hundimiento de sus castillos de arena; ha sentido cómo la manipulan, la utilizan para después darle el gran golpe que la deja sumida impotencia.

Esto le demuestra que nadie se preocupa por ella, por sus deseos, por sus sentimientos. Se ve rodeada por una densa niebla de soledad, que la atormenta, que despierta su furia y le hace odiar al mundo entero. Se pregunta el por qué; quizás es una ilusa al pensar que el resto del mundo puede albergar un mísero resquicio de empatía en su corazón. Le han fallado tantas veces, la han herido en tantas ocasiones, que siente peligrar su dignidad, su confianza en alguien que no sea ella misma.

Sabe lo que debe hacer, sabe lo que pasará, pero aún así volverá a caer.

jueves, 2 de agosto de 2012

La última puesta de sol


Como cada atardecer lo espera en la roca. Sentada frente a un mar que intenta apagar las llamas del cielo con su intenso color azul. Le embriaga la brisa que mece su pelo e imagina el roce de sus manos, la dulzura de sus caricias, la avidez de su boca estrellándose contra la suya.

Imagina cómo será su reencuentro después de tanto tiempo, el momento en el que se lanzará a su pecho y él la abrazará para no soltarla jamás, para darle su cariño y entregarle el sentimiento que le profesa.

Un escalofrío recorre su espalda inundándola de un extraño presentimiento; su prometido debería haber vuelto ya de su viaje, debería estar allí. Suena su móvil y piensa que es él para avisar de que se retrasa.

-         ¿Dígame?

Su teléfono se estrella en el suelo antes de que el agua la engulla.

miércoles, 11 de julio de 2012

¿El avance tecnológico ha supuesto un desarrollo en la moral de las personas?


Hoy en día gozamos de un sinfín de comodidades gracias a la tecnología que hemos desarrollado y sus aplicaciones. Esto es del agrado de la mayoría de las personas, que ven el desarrollo tecnológico como algo positivo. Pero, ¿realmente lo es? A pesar de las múltiples ventajas, hay un gran número de inconvenientes que hacen que el ser humano retroceda moralmente.

El hombre puede escoger sus actos libremente, aunque estos caigan en la inmoralidad. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el hombre escoge obrar sin seguir las normas morales, únicamente por el propio placer, diversión o apetito? Se le podría decir que debería hacerlo, pero la cuestión es si aceptará hacer algo que le interese o beneficie. Ante este interrogante la respuesta es sencilla: la mayoría de las personas anteponen su bienestar a la moral. Este bienestar consiste en ignorar la situación de quien o lo que les rodea mientras que vivan placenteramente; por ejemplo viendo la televisión. Las personas, para olvidar sus problemas y preocupaciones, se refugian en un aparato que muestra la vida de personas que venden su imagen e intimidad por dinero. Es inmoral exhibirse ante millones de personas dando el espectáculo (entiéndase el sentido negativo de la expresión) y haciendo el ridículo de la forma en que lo hacen. Pero no solo eso, los telespectadores los toman como ejemplos; en la actualidad el sueño de toda persona es ser famoso, ser un “famosillo” que gana millones por criticar a unos y otros y que no ha hecho nada de valor que merezca la fama que ha conseguido. Y a todo esto debemos sumar la manipulación que se ejerce a través de los medios de comunicación para obtener beneficios.

Otro punto que debe ser considerado es, que teniendo la posibilidad de mejorar la calidad de vida de los países subdesarrollados, usamos la tecnología para aumentar su pobreza e incrementar las desigualdades en lugar de paliarlas, acrecentando los ingresos de los que menos la necesitan. Las grandes empresas cierran sus fábricas dejando a muchas personas en paro y las trasladan a países más pobres, donde la mano de obra es más barata y ante la falta de unas leyes que defiendan los derechos de los trabajadores, mantienen trabajando a hombres, mujeres y niños amplias jornadas, sobreexplotándolos por un salario mínimo mientras que ellos se enriquecen a su costa. Del mismo modo, los habitantes de estos países sufren abusos por parte del poder, que amplía su capital con la explotación de yacimientos de los recursos naturales que son utilizados por la tecnología. Estos recursos, a su vez, generan más problemas, pues los países más desarrollados llevan a cabo guerras para conseguirlos y utilizarlos para fabricar armas con las que seguir guerreando acabando con vidas. De los inventos más conocidos caben destacar la dinamita, las bombas atómicas, las pistolas…, instrumentos que son utilizados por miserables que comenten genocidios sin importarles las cifras de muertos que dejan y que tras ser juzgadas son condenados a penas imposibles de completar pero unos cuantos años más tarde pasean libremente por la calle.

Tecnología es sinónimo de corrupción, engaño y manipulación, y bien lo saben los que llevan a cabos negocios en la red. Un gran invento como es Internet sirve a muchos estafadores para llevar a cabo sus timos, ofreciendo información falsa sobre negocios de los que los interesados saldrán perjudicados. Otros son los casos de pornografía y pederastia, en los que se difunden contenidos paidófilos y ciertos inmorales engañan a jóvenes para conseguir fotos, vídeos o citas con el fin de beneficiarse.

También son diarios los episodios relacionados con virus y espías cibernéticos, que se introducen en ordenadores ajenos y obtienen todo lo que necesitan (sin olvidar el favor que hacen a los creadores de antivirus); y todo esto por no hablar de la adicción que suponen los nuevos modelos de cualquier tipo de producto de la que se aprovechan los fabricantes gracias a la publicidad en los medios de comunicación, que impulsan a los ciudadanos al consumismo, a comprar nuevos versiones de un artículo que ya poseen y que todavía pueden utilizar sin problemas. Además hay que añadir la contaminación que supone la producción del artículo y de la que también se aprovechan usando como excusa la preservación del medio ambiente.

Por otro lado, los avances tecnológicos no solo afectan a objetos materiales, sino que también se llevan a cabo en el ser humano, en el ámbito sanitario, como el uso de la ingeniería genética para manipular el ADN y evitar enfermedades. Pero no hay que confundir la posibilidad de erradicar una dolencia antes de que se manifieste con la de elegir los caracteres de los hijos, es decir, pedir un niño a la carta. También existe la opción del aborto, con la que se acaba con una vida antes de que empiece, o la de eutanasia para librar a un enfermo del dolor (o al personal y a la economía del mantenimiento de un enfermo), cuando nadie tiene derecho de arrebatar la vida a ningún otro. Con relación a la medicina, tienen lugar reducciones en los presupuestos destinados a la sanidad de los ciudadanos, que a pesar de tener la posibilidad de adquirir un nuevo medicamento que se acaba de descubrir y que puede ser muy beneficioso para su enfermedad, no puede acceder a él por falta de recursos propios y de la ayuda de una organización a la que ha estado pagando impuestos durante toda su vida para garantizar la atención de un médico y de un farmacéutico.
Por el lado contrario, el desarrollo de maquinaria industrial favorece al desarrollo de la producción de empresas dedicadas a drogas, bebidas alcohólicas y otras sustancias perjudiciales para la salud.

No se puede negar que el hombre ha progresado mucho con la tecnología, pero tampoco debemos olvidar todas las atrocidades que comete por ella y con ella. La tecnología debería ser desarrollada solo para ofrecer ventajas y debería ser pensada dos veces la creación de instrumentos que puedan ser perjudiciales. Aunque la base del problema no está en la creación, sino en lo creado; de una persona sin valores éticos y morales no cabe esperar algo que contribuya al bienestar social. Por muy avanzada que esté la tecnología, la moral del ser humano no lo está. En la actualidad pretendemos hacer ver que somos buenos y justos cuando en realidad somos seres egoístas y malvados que solo responden ante fines maquiavélicos; da igual a lo que nos veamos obligados mientras que cumplamos nuestro objetivo, ya sea que tengamos que fabricar armas para matar o tratar de manipular a los demás. Intentamos mostrar la forma correcta de actuar sólo para guardar nuestra apariencia (aunque hay a quien eso no le importa), y cuando no tenemos público que pueda dudar de nuestra buena reputación hacemos todo lo contrario de lo que pretendíamos transmitir.

Supuestamente somos seres racionales y deberíamos usar esa cualidad que poseemos para conseguir el bien de todos, no únicamente el propio: podríamos preocuparnos por los demás, ayudar a los necesitados… Aunque esta meta quizás sea algo utópica, ya que antes de ayudar al resto, necesitaríamos ayudarnos a nosotros mismos primero, poner en orden nuestro juicio y nuestra conciencia. Si alcanzásemos ese fin individualmente y posteriormente en colectivo, conseguiríamos un mundo mejor y más feliz, donde fuéramos justos y solidarios; un mundo donde imperara un ideal ético y no se cometieran las barbaridades que estamos acostumbrados a oír en las noticias cada día; un mundo en el que no tuviéramos que avergonzarnos de nuestros actos, en que no se ponga en duda nuestra virtud moral y estemos orgullosos por el imperio de la racionalidad, la ética y la moral.