sábado, 25 de agosto de 2012

Un pellizco no te va a salvar


“Odio tener que volver sola a casa tan entrada la noche; ojalá viviera en el centro y no en las cercanías de... Espera, ¿qué ha sido eso?”

Judit se queda paralizada escudriñando la oscuridad; todo parece tranquilo, y sin embargo percibe que no está sola. Está asustada; corre, justo delante está su residencia. No obstante se ve obligada a girar ciento ochenta grados cuando casi choca con la figura encapuchada que se interpone en su camino. Recorre las calles que rodean los viejos edificios de su zona con el corazón en un puño, aterrorizada, pues nota que la está siguiendo. Penetra en un callejón en el que queda atrapada como el aire en sus pulmones, y consternada aguarda a aquello que la persigue. Petrificada por el miedo, contempla cómo su captor aferra su brazo fuertemente.

Despierta. Acelerada, se incorpora bruscamente, buscando frenéticamente cualquier vestigio de la escena que acaba de vivir. No hay nada, todo ha sido un sueño, se recuerda mientras dirige una mirada inconsciente al brazo que asía aquel encapuchado y en el que ahora, alarmada, vislumbra la marca enrojecida de una garra.

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