Cuenta la leyenda que en
las noches de luna llena es peligroso adentrarse en el bosque de
Worthwood, pues allí una oscura figura aguarda impaciente. Pocos son
los afortunados que han vivido para describir a la criatura que
habita en la espesura y muchos los desventurados que, habiéndose
adentrado en Worthwood nunca han regresado.
Unos cuentan que aquéllo
que recorre el bosque es un ente fantasmagórico que arrastra a quien
pisa el frondoso manto verde al fondo del lago localizado en el
corazón del bosque; otros lo dibujan como un diabólico ser
encargado de conducir a cualquier osado a soportar las más
insoportables torturas en el Hades. Hay quien piensa que no es más
que una horrorosa quimera, atrapada entre los árboles sin ningún
otro alimento que la carne humana que penetra en la boscosidad.
La identidad de ese épico
ser es un misterio, nadie sabe con certeza qué es, solo coinciden en
su ferocidad, en la mirada oscura y penetrante de unos ojos rojos
como el fuego del infierno, que hielan la sangre y coronan un enorme
cuerpo de metros de altura. Sus extremidades acaban en garras tan
afiladas como los dientes que sobresalen de sus fauces, que podrían
devorar a un humano sin el mayor esfuerzo.
Una vez al mes se
escuchan gemidos procedentes de la oscuridad, quizás de las víctimas
de este monstruo que espera agazapado a su presa, quizás del propio
ser consciente de su soledad. Lo único seguro es que si no quieres
experimentar la más dolorosa de las muertes deberías alejarte de
los terrenos del bosque de Worthwood.

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