miércoles, 8 de agosto de 2012

Secuestrando la fama

- Los ladrones que han desvalijado una caja fuerte del banco se han confinado dentro de sus instalaciones con el gerente, un hombre joven y con gran éxito empresarial...
Alina miraba con cierta envidia cómo su compañera de oficio explicaba lo sucedido ante las cámaras mientras ella permanecía allí recogiendo información para redactar la noticia de un periódico local con pocos lectores. Desde pequeña había soñado con ver su cara en el informativo de las tres, en directo desde cualquier parte del mundo en la que ocurriera algún acontecimiento. Aborrecía sentirse insignificante y que nadie la tuviera en cuenta; debía hacer algo al respecto. Así que disimuladamente rodeó el edificio buscando algún indicio o dato de interés con el que destacar.

Los agentes habían intentado entrar en el edificio por la puerta de atrás, sin lograr pasar del pequeño vestíbulo que les daba la entrada. Alina se infiltró en aquella habitación cuando creyó estaría vacía, por lo que se alarmó cuando oyó que los nuevos refuerzos entraban; no sabía que hacer, de modo que presa del pánico repasó la sala con desesperación y reparó en una pequeña puerta que pasaba desapercibida a simple vista. Sin más demora cruzó la puerta y la cerró a sus espaldas, deseando con toda su alma que los agitados latidos de su corazón no revelaran su escondite. Cuando por fin logró serenarse advirtió que tenía delante un largo y angosto pasillo, y tras meditarlo detenidamente decidió avanzar por él. Ya saboreaba victoria cuando un fuerte brazo la asió y colocó algo sobre su cara que desprendía un aroma que la aturdió.

Cuando despertó algo desorientada, se estremeció al percatarse de que se hallaba atada a una silla junto a otra persona en su misma condición. Rápidamente cayó en la cuenta de la identidad de su acompañante y del peligro que corrían ambos. Su corazón amenazaba de nuevo con salir de su pecho cuando el gerente del banco le hizo ver que debía mantener la calma y ayudarle a escapar.

- Estamos atados, por si no te habías dado cuenta. Y a no ser que sepas hacer magia...
- Pues mira, sí, sé hacer magia- Dijo poniendo los ojos en blanco y continuó sin disimular su tono sarcástico.- Da la casualidad que esta mañana adiviné mi futuro y guardé en mi bolsillo una pequeña navaja. ¡Vamos, date prisa, cógela y corta las cuerdas antes de que vuelvan!
Alina comprendió al instante y se apresuró a coger la navaja y a cortar las cuerdas. En cinco minutos estaban libres de sus ataduras, pero presos en aquella habitación en la que los habían aprisionado. De repente se escuchaba el sonido de unos pasos que cada vez se acercaban más. Instintivamente se colocaron a ambos lados de la puerta y aprovechando que uno de sus secuestradores había entrado salieron silenciosa y velozmente cerrando la puerta y encerrando al delincuente en la habitación. Evitaron al otro de sus captores con relativo éxito pero cuando se disponían a salir éste los alcanzó. En ese mismo irrumpieron en la escena los agentes de policía y así quedó la escena: a un lado los agentes con sus armas apuntando al ladrón e instándole a que se rindiera, al otro extremo el bandido amenazando con disparar a sus rehenes y en el centro, Alina y el gerente considerando la posibilidad de despertar de aquella pesadilla en cualquier momento.

Todo pasó muy deprisa: los agentes avanzaron, el ladrón se sintió acorralado y lanzó un disparo que fue contraatacado por los de los policías; Alina sintió que aquél que la empujaba caía al suelo un segundo antes que el que los retenía allí.
En los días siguientes, Alina fue a visitar al gerente del hospital, Mario, que había sido ingresado después del tiroteo. Mario la recibió aquella mañana con un periódico en la mano y una sonrisa.

-Pero qué ven mis ojos, si es la periodista más famosa de estos últimos días, aquella que se rifan los mejores periódicos...
- Deja de burlarte, que lo mío me ha costado.
- Y que lo digas.- Dijo Mario abarcando con una amplia mirada lo obio.- Bueno, espero que tengas un hueco para ir a tomar un café cuando me permitan salir de esta prisión...
- Pues no sé, tendré que consultar mi agenda.- Alina no podía dejar de sonreír, pues su vida comenzaba a marchar como había soñado.

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