- Los ladrones que han desvalijado
una caja fuerte del banco se han confinado dentro de sus
instalaciones con el gerente, un hombre joven y con gran éxito
empresarial...
Alina miraba con cierta envidia cómo
su compañera de oficio explicaba lo sucedido ante las cámaras
mientras ella permanecía allí recogiendo información para redactar
la noticia de un periódico local con pocos lectores. Desde pequeña
había soñado con ver su cara en el informativo de las tres, en
directo desde cualquier parte del mundo en la que ocurriera algún
acontecimiento. Aborrecía sentirse insignificante y que nadie la
tuviera en cuenta; debía hacer algo al respecto. Así que disimuladamente rodeó el
edificio buscando algún indicio o dato de interés con el que
destacar.
Los agentes habían intentado entrar en
el edificio por la puerta de atrás, sin lograr pasar del pequeño
vestíbulo que les daba la entrada. Alina se infiltró en aquella
habitación cuando creyó estaría vacía, por lo que se alarmó
cuando oyó que los nuevos refuerzos entraban; no sabía que hacer,
de modo que presa del pánico repasó la sala con desesperación y
reparó en una pequeña puerta que pasaba desapercibida a simple
vista. Sin más demora cruzó la puerta y la cerró a sus espaldas,
deseando con toda su alma que los agitados latidos de su corazón no
revelaran su escondite. Cuando por fin logró serenarse advirtió que
tenía delante un largo y angosto pasillo, y tras meditarlo
detenidamente decidió avanzar por él. Ya saboreaba victoria cuando
un fuerte brazo la asió y colocó algo sobre su cara que desprendía
un aroma que la aturdió.
Cuando despertó algo desorientada, se
estremeció al percatarse de que se hallaba atada a una silla junto a
otra persona en su misma condición. Rápidamente cayó en la cuenta
de la identidad de su acompañante y del peligro que corrían ambos.
Su corazón amenazaba de nuevo con salir de su pecho cuando el
gerente del banco le hizo ver que debía mantener la calma y ayudarle
a escapar.
- Estamos atados, por si no te
habías dado cuenta. Y a no ser que sepas hacer magia...
- Pues mira, sí, sé hacer magia-
Dijo poniendo los ojos en blanco y continuó sin disimular su tono
sarcástico.- Da la casualidad que esta mañana adiviné mi futuro y
guardé en mi bolsillo una pequeña navaja. ¡Vamos, date prisa,
cógela y corta las cuerdas antes de que vuelvan!
Alina comprendió al instante y se
apresuró a coger la navaja y a cortar las cuerdas. En cinco minutos
estaban libres de sus ataduras, pero presos en aquella habitación en
la que los habían aprisionado. De repente se escuchaba el sonido de
unos pasos que cada vez se acercaban más. Instintivamente se
colocaron a ambos lados de la puerta y aprovechando que uno de sus
secuestradores había entrado salieron silenciosa y velozmente
cerrando la puerta y encerrando al delincuente en la habitación.
Evitaron al otro de sus captores con relativo éxito pero cuando se
disponían a salir éste los alcanzó. En ese mismo irrumpieron en la
escena los agentes de policía y así quedó la escena: a un lado los
agentes con sus armas apuntando al ladrón e instándole a que se
rindiera, al otro extremo el bandido amenazando con disparar a sus
rehenes y en el centro, Alina y el gerente considerando la
posibilidad de despertar de aquella pesadilla en cualquier momento.
Todo pasó muy deprisa: los agentes
avanzaron, el ladrón se sintió acorralado y lanzó un disparo que
fue contraatacado por los de los policías; Alina sintió que aquél
que la empujaba caía al suelo un segundo antes que el que los
retenía allí.
En los días siguientes, Alina fue a
visitar al gerente del hospital, Mario, que había sido ingresado
después del tiroteo. Mario la recibió aquella mañana con un
periódico en la mano y una sonrisa.
-Pero qué ven mis ojos, si es la
periodista más famosa de estos últimos días, aquella que se rifan
los mejores periódicos...
- Deja de burlarte, que lo mío me
ha costado.
- Y que lo digas.- Dijo Mario
abarcando con una amplia mirada lo obio.- Bueno, espero que tengas
un hueco para ir a tomar un café cuando me permitan salir de esta
prisión...
- Pues no sé, tendré que consultar
mi agenda.- Alina no podía dejar de sonreír, pues su vida
comenzaba a marchar como había soñado.
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