miércoles, 15 de agosto de 2012

Ceremonia de clausura

Había llegado ese gran día. Cuántas veces les había dicho a sus dos mejores amigas que jamás se casaría, y allí estaba dentro del coche que la transportaría hasta la puerta de la iglesia para hacer su entrada triunfal. Dentro de la parroquia la esperarían familia y amigos para acompañarla y desearle lo mejor, y el más importante, el que se convertiría en su esposo. Se sentía dichosa, y en el momento más importante de su vida, no podía evitar acordarse de las amigas de su infancia, las dos compañeras con las que había crecido, reído y llorado, ganado y perdido, y a las que hacía años que no veía porque había decidido pasar todo su tiempo con su futuro esposo.



La ceremonia transcurrió como en uno de sus mejores sueños. Mientras el cura que oficiaba la unión hablaba sentía cómo revoloteaban mariposas en su estómago, su corazón palpitaba amenazando con salir de su pecho y no conseguía dejar de mirar de soslayo a su prometido; se le veía tan guapo, a pesar de que en ocasiones otros se empeñaran en convencerla de lo contrario. Pero todo quedó olvidado cuando dijo “sí quiero”.



Sin embargo, el sueño de Carol se convirtió en su peor pesadilla. Durante la celebración no paraba de ir de un lugar a otro, conversando con los invitados, y recibiendo regalos de los asistentes. Precisaba guardar los regalos, pues no los iba a cargar indefinidamente; de modo que abrió una puerta para dejar los obsequios y cual no fue su sorpresa al encontrar a su reciente marido con otra, en concreto aquella con la que había batallado constantemente en el instituto por pretender robarle a su, por aquel entonces, novio. Sintió como si se estrellara contra el suelo, ahora entendía exactamente cómo se puede partir un corazón, y los intentos de Carl por explicar el “malentendido” solo lo empeoraba. Al dolor se sumaron otras emociones: rabia, asco, vergüenza. El entumecimiento que se apoderó de su cuerpo no le impidió correr, atravesar el salón ignorando la sorpresa de sus invitados para perderse en su desilusión, su desengaño y su soledad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario