Dánae no estaba segura de la
prosperidad de su relación con Fernando, por lo que decidió que muy
a su pesar debía acabar su relación; lo tenía en muy alta estima,
lo pasaba muy bien con él, pero sabía que eso no era suficiente
para continuar. Estaba preocupada, pues no sabía cómo se lo tomaría
Fernando y lo que menos deseaba era hacerle daño; esa era la razón
por la que consideraba mejor la opción de acabar su insatisfecho
romance sin demora, para evitar que el tiempo tornase la inevitable
ruptura más difícil. Creía que podría reunir el valor suficiente,
que sería fuerte para hablar con él y confiaba en que su amistad
continuaría a pesar de lo ocurrido.
Sin embargo, su ruptura no transcurrió
del modo que ella esperaba. Dánae le transmitió con sinceridad todo
lo que sentía: aunque lo adoraba, no lo quería de la forma en la
que él deseaba, su corazón no marcaba un compás acelerado cuando
estaban juntos, y temía que las mariposas de su estómago habían
volado muy lejos. Pese a que lo sentía mucho y no quería herirlo,
lo hacía por el bien de ambos, para evitar un sufrimiento mayor, y
lamentaría mucho que se enojara con ella y no le devolviera el
saludo. Fernando por su parte, le rogó que no lo dejase, imploró
una nueva oportunidad que aprovecharía para ganarse de nuevo su
amor, y ante la negativa de su amada se enfureció, negándole su
amistad y deseándole lo peor.
Dánae se sintió fatal, pues su
memoria no la dejaba olvidar aquella escena. Revivía una y otra vez
el tono de sus palabras, su mirada desesperada y herida que tornó en
iracunda, la rabia y el veneno de su voz. Y por si fuera poco tendría
que verlo todos los días en clase. Se sentaba tras ella y Dánae
notaba su mirada acusadora clavada en su espalda como si se tratase
de cuchillos atravesando su corazón.
Pasado un año, Dánae lo había
aceptado y pensó que ya habría pasado la tempestad; pero no fue
así. Recibió un mensaje de Fernando comentándole lo ilusa que
había sido al creer que un chico como él podría sentirse atraído
por alguien como ella. Dánae se quedó anonadada con lo que leyó y
le pidió explicaciones. Fernando le contó que solo había salido
con ella porque era el amor platónico de sus amigos, lo cual la
había convertido en un reto para él (y como buen deportista, le
encantaban los retos). Pero como Dánae había caído en sus redes
fácilmente, ya no tenía importancia y para evitar hacerle daño se
había comportado de forma contraria a como solía hacerlo forzándola
a que rompiera con él. Después se había comportado como un
desquiciado para conseguir que ella no se echara atrás, y ya de
nuevo sin compromiso alguno, salió y conoció otras chicas. Además
instó a Dánae a que le diera las gracias por haber sido tan
considerado tomándose tantas molestias para no herir sus
sentimientos y por haber empleado su tiempo en explicárselo todo
después de un año.
Esto le demostró lo tonta que había
sido. Se había estado preocupando por alguien que no merecía la
pena, que había aprovechado la más mínima oportunidad para
humillarla. Lástima que Dánae tuviera una fuerte personalidad y
pruebas de que todo lo que Fernando le contó no era cierto, que solo
lo decía por despecho. Aún así, estaba feliz, porque si Fernando
había sido capaz de decirle todo eso significaba que no merecía ser
el protagonista de uno solo de sus pensamientos y que había
malgastado su tiempo y sus energías en sentirse culpable por quien
ahora pretendía herir su ego. Y aunque sabía que estaba mal, no
podía evitar sentir una pizca de complacencia al saber que Fernando
no lo había superado y sufría por no tenerla.
Puede que esta historia resulte un poco absurda a quien la lea, pero está basada en hechos reales y nada de lo que aquí se cuenta es inventado.
Puede que esta historia resulte un poco absurda a quien la lea, pero está basada en hechos reales y nada de lo que aquí se cuenta es inventado.
muy bien la hostoria, y pobre chica aunque ella ahora se merece lo mejor del mundo y que sea super super feliz :D
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