Seguí
corriendo como una demente, desesperada por escapar del fantasma que
me perseguía; pero de nuevo tropecé una vez más, rompiendo el
tacón de mi zapato de diseño y, para mi mayor desgracia,
torciéndome el tobillo. Mis intentos de levantarme fueron en vano,
así que lo único que podía hacer era quedarme allí
compadeciéndome de mí misma y maldiciendo mi suerte. Aunque no por
mucho tiempo, pues los pasos apresurados de mi predador se oían ya
cercanos. Asustada giraba la cabeza en todas direcciones con la
esperanza de que todo fueran imaginaciones mías; pero pronto me
percaté de lo equivocada que estaba, al ver una sombra que se cernía
sobre mí. No pude reconocer a mi perseguidor, lo único que veía
era a los árboles girar a mi alrededor justo antes de sumirse en la
oscuridad.
- ¡Ya has despertado! Estaba preocupado.
Desperté
desorientada bajo la intensa luz de la luna y algo cohibida ante la
presencia de un desconocido cuya voz me resultaba familiar. Enfoqué
un poco más la vista en su silueta y cuál no fue mi sorpresa al
descubrir que era David, el mejor amigo de mi novio Mike. También
pertenecía al equipo de natación y era el centro de atención de
todas las chicas; de hecho, hubo un tiempo en el que estuve enamorada
de él, pero Mike consiguió robar mi corazón poco a poco.
- Tú. ¿Estás loco o qué? ¿qué hacías persiguiéndome por el bosque?
- ¿Intentar ayudarte? Estaba preocupado por ti después de lo que escuché, pero viendo cómo me lo agradeces debería haberte abandonado a tu suerte.
- ¿Lo que oíste? ¿Qué oíste?
- Pues, después de ver liarse a tu novio con tu mejor amiga, escuché cómo planeaban estropear tu coche mientras estabas distraída para quitarte del camino de ambos.
- Ya, eso te los estás inventando.
- No; y créeme, tengo pruebas. Suerte que me estaba encargando del vídeo de la fiesta...
No
podía creer lo que estaba viendo en la pequeña pantalla de la
cámara, y desde luego este asunto no se iba a quedar así, ya
planearía mi venganza. Hacía tiempo que nuestra relación no iba
bien, pero se habían pasado tres pueblos. David se quedó conmigo en
aquel claro hasta que me tranquilicé, hizo ademán de su
característica charlatanería y lo pasé realmente bien, teniendo en
cuenta todo lo que había vivido esa noche. Se le veía tan bien con
su flequillo ondeando, que de vez en cuando dejaba al descubierto el
reflejo de la redonda luna en sus ojos verdes. No sabía por qué
pero no podía apartar la vista de esos labios que se curvaban en
una sonrisa.
Me
acompañó a casa y tras asegurarse de que me encontraba bien se
despidió con una sonrisa que me desarmó. Tenía un rostro
angelical, ya le echaba de menos y ni siquiera se había alejado. Ya
me disponía a entrar cuando me sujetó el brazo y volviéndome hacia
él unió sus labios a los míos haciendo que mi corazón estallara y
mis piernas flaquearan. Nunca había sentido algo así. Cuando se
retiró para mirarme su mirada de disculpa se tornó en una de
euforia al comprobar que sus sentimientos eran correspondidos. Tras confesarme cuanto había ansiado ese momento, posó
sus labios en mi mejilla y suavemente se deslizó hacia su coche y
marchó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario