lunes, 13 de agosto de 2012

Orgullo indigno

Dánae no estaba segura de la prosperidad de su relación con Fernando, por lo que decidió que muy a su pesar debía acabar su relación; lo tenía en muy alta estima, lo pasaba muy bien con él, pero sabía que eso no era suficiente para continuar. Estaba preocupada, pues no sabía cómo se lo tomaría Fernando y lo que menos deseaba era hacerle daño; esa era la razón por la que consideraba mejor la opción de acabar su insatisfecho romance sin demora, para evitar que el tiempo tornase la inevitable ruptura más difícil. Creía que podría reunir el valor suficiente, que sería fuerte para hablar con él y confiaba en que su amistad continuaría a pesar de lo ocurrido.

Sin embargo, su ruptura no transcurrió del modo que ella esperaba. Dánae le transmitió con sinceridad todo lo que sentía: aunque lo adoraba, no lo quería de la forma en la que él deseaba, su corazón no marcaba un compás acelerado cuando estaban juntos, y temía que las mariposas de su estómago habían volado muy lejos. Pese a que lo sentía mucho y no quería herirlo, lo hacía por el bien de ambos, para evitar un sufrimiento mayor, y lamentaría mucho que se enojara con ella y no le devolviera el saludo. Fernando por su parte, le rogó que no lo dejase, imploró una nueva oportunidad que aprovecharía para ganarse de nuevo su amor, y ante la negativa de su amada se enfureció, negándole su amistad y deseándole lo peor.

Dánae se sintió fatal, pues su memoria no la dejaba olvidar aquella escena. Revivía una y otra vez el tono de sus palabras, su mirada desesperada y herida que tornó en iracunda, la rabia y el veneno de su voz. Y por si fuera poco tendría que verlo todos los días en clase. Se sentaba tras ella y Dánae notaba su mirada acusadora clavada en su espalda como si se tratase de cuchillos atravesando su corazón.

Pasado un año, Dánae lo había aceptado y pensó que ya habría pasado la tempestad; pero no fue así. Recibió un mensaje de Fernando comentándole lo ilusa que había sido al creer que un chico como él podría sentirse atraído por alguien como ella. Dánae se quedó anonadada con lo que leyó y le pidió explicaciones. Fernando le contó que solo había salido con ella porque era el amor platónico de sus amigos, lo cual la había convertido en un reto para él (y como buen deportista, le encantaban los retos). Pero como Dánae había caído en sus redes fácilmente, ya no tenía importancia y para evitar hacerle daño se había comportado de forma contraria a como solía hacerlo forzándola a que rompiera con él. Después se había comportado como un desquiciado para conseguir que ella no se echara atrás, y ya de nuevo sin compromiso alguno, salió y conoció otras chicas. Además instó a Dánae a que le diera las gracias por haber sido tan considerado tomándose tantas molestias para no herir sus sentimientos y por haber empleado su tiempo en explicárselo todo después de un año.

Esto le demostró lo tonta que había sido. Se había estado preocupando por alguien que no merecía la pena, que había aprovechado la más mínima oportunidad para humillarla. Lástima que Dánae tuviera una fuerte personalidad y pruebas de que todo lo que Fernando le contó no era cierto, que solo lo decía por despecho. Aún así, estaba feliz, porque si Fernando había sido capaz de decirle todo eso significaba que no merecía ser el protagonista de uno solo de sus pensamientos y que había malgastado su tiempo y sus energías en sentirse culpable por quien ahora pretendía herir su ego. Y aunque sabía que estaba mal, no podía evitar sentir una pizca de complacencia al saber que Fernando no lo había superado y sufría por no tenerla. 






Puede que esta historia resulte un poco absurda a quien la lea, pero está basada en hechos reales y nada de lo que aquí se cuenta es inventado.





1 comentario:

  1. muy bien la hostoria, y pobre chica aunque ella ahora se merece lo mejor del mundo y que sea super super feliz :D

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